La verdad es que no sabría decir por que decidí crear este blog. Lo más sencillo, sería reconocer que siendo el escribir historias algo que siempre me ha gustado. La posibilidad de exponerlas para que cualquiera pueda leerlas me incentivó a tomar la decisión. Sea como sea, esta resultando una interesante experiencia, un atractivo divertimento del que quiero hacer participe a todo el que guste.







Para cualquier sugerencia, crítica u opinión.






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martes, 29 de mayo de 2012

Cargos de conciencia ( Final )


Rosana está terminando de arreglar la cocina.
- Acabo enseguida. -dice al verme apoyado en el quicio de la puerta. Es una mujer fuerte, que ha sabido sobre ponerse a todo lo ocurrido sacando a su hijo adelante. -Marco nunca supo la suerte que tuvo al casarse con ella, lástima que no lo aprovechara.- pienso con una sonrisa picara. Mientras me acerco y la rodeo por la cintura.
-Espera un momento, -pide. Intentando hacerme a un lado, aunque sin mucho empeño.
-No me apetece esperar. –respondo en un susurro. Mientras empiezo a besarla y levantándola en brazos la llevo al dormitorio
Son más de las cinco cuando salgo del Bazar. Como siempre después de estas placenteras visitas, no puedo evitar sentirme culpable. Aunque tampoco se muy bien por qué. Quizás nunca debí liarme con Rosana. En cierta forma es como enredar aún más la madeja de un juego peligroso. Aun que ella siempre ha tenido muy claro que fue Marco quien destruyó su matrimonio. Obligándola a pasar un autentico calvario hasta lograr rehacer su vida. Mi ayuda le resultó vital para salir adelante y me está agradecida. Pero la verdad es que nunca esperé recibir nada a cambio, conozco a Rosana desde que éramos pequeños. Para mi echarla una mano no era sino una prueba de amistad. Luego lo uno trajo lo otro y en esas estamos. Nuestra actual relación es algo surgido de improvisto. No hay pues ninguna obligación del uno respecto al otro. Aquello es sin duda lo mejor, el tiempo ya se encargará de poner a cada cual en su sitio. De momento nos limitamos a disfrutar apasionadamente de estos encuentros esporádicos. Me digo repitiéndome la excusa a la que siepre recurro cuando pienso en todo esto.  

“Ultramarinos Baza" es probablemente la tienda más selecta da la ciudad. En ella uno puede encontrar la mejor selección de vinos, onservas y fiambres disponibles en el mercado. El señor Antonio su propietario, cuida personalmente la selección de los productos que se ofrecen a la clientela. Pues como no se cansa de repetir, esa es una de las claves de su éxito. Hoy lo encuentro muy atareado en el almacén clasificando una partida de conservas, que acaba de recibir.
- ¿Todo en orden?, -pregunto al verle repasar atentamente los albaranes de entrega.
- De momento si, aunque nunca se sabe, los repartidores pueden jugártela en cuanto te descuides, -responde con una sonrisa ladina. El verano anterior un repartidor de la casa, un tanto  listillo lo estuvo trayendo de cabeza durante unas semanas. Fingiendo una docena de pequeños accidentes en los que igual se perdían medía docena de botellas de vino. Que unos cuantos tarros de salazones o un par de garrafas de aceite de oliva. La selecta mercancía aparecía poco después en la trastienda de un barucho de mala muerte. Donde el fulano la revendía a precio de ganga a unos amigotes de paladar fino. Poco predispuestos a rascarse el bolsillo frente a la caja registradora del ultramarino. Don Antonio no pudo recuperar la mercancía ni el perjuicio económico ocasionado. Pero antes de romperle las piernas y los brazos el repartidor tuvo a bien firmar su renuncia al puesto de trabajo sin derecho a ningún tipo de remuneración.
- Acabo enseguida si no le importa –Dice Don Antonio señalado unas cajas que tiene a su lado. 
-Tranquilo estaré en su despacho.
Dos minutos después se reúne conmigo. Me gusta hablar con Don Antonio y él lo sabe. Siempre anda contando chismes y uno se divierte escuchándole. Como suele decir su comportamiento es digno de una tendera que siempre está al tanto de lo que ocurre en el barrio. Pues poco importa que su clientela sea de lo más selecto de la ciudad. Al final acaban comadreando igual que verdaderas marujas. Con lo cual cada vez que vengo, Don Antonio tiene alguna nueva historia que contarme. Es increíble de las cosas que uno acaba enterándose si sabe a donde acudir. En está ocasión veinte minutos de charla resultan de lo más interesantes.
Cuando salgo del ultramarino enfilo la calle de Correos. En donde procuro entretenerme lo justo haciendo otra media docena de visitas, en el mismo tiempo que he pasado charlando con Don Antonio. De esta forma doy por concluida mi ronda, ya puedo ocuparme de resolver el asunto del que me habló Pietro. Pero antes vuelvo a echar mano de los alkazelzer, este trabajo va a acabar conmigo. Bruno Correa es un individuo acostumbrado a moverse en situaciones de este tipo. Andar siempre a salto de mata metido hasta las orejas en problemas de toda índole, es para el cosa hecha. Así que como suponía no va a resultar fácil dar con el. En " La taberna. Del Condotiero ", donde últimamente era asiduo, nadie sabe nada de el. Por la cara que pone el dueño cuando pregunto no me extrañaría que también le deba dinero. Lo único que averiguo es que se le ha visto en un par de ocasiones con el estanquero de " Orzama”.
"Orzama" es una pequeña plazoleta enclavada a espaldas de la Catedral. Allí  convergen un entramado de angostas callejuelas en las que se congregan las putas, chulos y transexuales de más baja estofa. Sin duda el lugar ideal para dar cobijo a alguien como Correa. El estanco ya está cerrado, pero a su propietario lo encuentro cerca de allí. Intentando cerrar el trato con un pintarrajeado putón verbenero, al que sobran por igual kilos y arrugas. Mi interrupción no puede ser más inoportuna. Pero la mujer parece olerse el asunto y desaparece rápidamente, de mostrando saber perfectamente cuando conviene salir de en medio. El estanquero, un tipo flaco y enjuto de mirada libidinosa intenta hacerse el sueco, y trata de aparentar no saber nada de Correa. Tengo muy claro que miente y que a nuestro alrededor todo el mudo nos mira. Aunque jamás lo admitirían bajo ninguna circunstancia. Este es un mundo peligroso donde cada uno tira de su propio carro. De un empujón lanzo a aquel alfeñique contra la pared, con la que se golpea violentamente antes de caer enrollado en la acera. Donde empieza a chillar como un loco, está  aterrorizado, pero enmudece cuando le pateo un poco las costillas. Ahora ya está preparado para colaborar. Confiesa que es un pervertido al que Correa ha estado facilitando chicas con las que organizar grandes orgías en compañía de unos amigos. No sabe nada de timbas ni apuestas, asegura en tono lastimero. Lo suyo son las putas los travestís y los juegos eróticos. Hace casi dos semanas que no ve a Correa, perjura con la respiración entrecortada por la presión de mi pie sobre su garganta. Su rostro congestionado esta empezando a ponerse morado, no creo que mienta. Antes de irme le arreo un par de patadas más para que aprenda. Ahora ya sé como dar con mi escurridizo objetivo.
Petra e Iris, las pupilas de Correa, comparten una esquina con bastante transito. Al igual que el resto de las mujeres que pululan por estas calles no son nada del otro mundo. La primera tiene aspecto sudamericano y su prominente delantera queda compensada con una figura entrada en carnes. La otra bastante más alta, lleva el pelo teñido de un rubio chillón y al contrario que su compañera en su espigada silueta si se echan en falta algunas curvas que la hagan más atractiva Figuras anodinas que malviven como pueden sin esperanza de salir de este agujero.
El estanquero me ha informado de que Correa vigila a sus chicas de cerca. Sólo tengo que aguardar a que se presente, es la forma más segura de dar con el. Durante casi dos horas las observo desde un portal. Sin hacerme notar entre la gente que va y viene de un lado para otro. Obreros en busca de diversión, grupos de jóvenes curiosos, borrachos, mirones, parejas unidas temporalmente por una cantidad de dinero. La actividad que se palpa en las calles es sorprendente. No hay formulismos ni inhibiciones todo el mundo sabe cual es su papel en este lugar. Petra se muestra más productiva que Iris, quien solo se ocupa con un cliente en todo este rato. A estas alturas ya tengo claro que mis sospechas iniciales son ciertas y esta falsa rubia está más colgada que un murciélago. No creo que Correa aguante mucho tiempo a una yonki desahuciada. Aunque tampoco hay mucho más donde elegir en este inframundo. Empiezo a estar harto de todo esto y me planteo la posibilidad de largarme. Pero al final mi promesa a Pietro se impone y me obligo a seguir aguardando recostado contra la pared. Tengo los nervios crispados y la boca amarga a causa de la acidez.
A las nueve cuando mi paciencia se halla al limite se presenta mi presa, ya temía que no viniera. Correa trae cara de pocos amigos. Tal vez el estanquero le haya puesto sobre aviso, aunque no parece nervioso En la esquina Petra le recibe con un abrazo de lo más provocativo. Al que el responde con algunas cariñosas palmaditas en el trasero. Después busca a Iris con la mirada. Desde mi posición imagino que Petra lo esta poniendo al corriente de la situación. Mientras el cuenta el dinero que ella le acaba de entregar. Al parecer Petra goza de cierta fama entre la clientela, lleva media docena de clientes desde que he llegado. Su protector la premia con un magreo y algo de dinero que le introduce en el escote con un gesto lascivo, buena chica. Iris aparece en ese momento, solo ha dejado la esquina en dos breves ocasiones. Correa no parece muy contento y la reprende con aspavientos a los que ella estúpidamente intenta responder de igual forma. Ganándose un certero gancho al estomago que la pone de rodillas. Tirándola del pelo él la levanta y la sujeta por el cuello mientras la grita desaforadamente. En este lugar aquella acción se repite con brutal regularidad un día si y otro también. Sin que nadie le presta la más mínima atención. Unos metros más allá ajena todo, Petra trata con un nuevo cliente. Después de darle su merecido a su díscola protegida. Correa se dirige a un destartalado almacén no lejos de allí. Procurando que no me descubra y rogando para que no decida coger un coche, le sigo. Es un tipo peligroso, Pietro me  ha advertido que me ande muy atento. Por lo que estoy viendo, voy a tener que emplearme a fondo. Correa ya ha demostrado que no es de los que vuelven al redil con una simple advertencia. Por fortuna hay suerte, no tarda en abandonar el almacén. Acompañado por otro sujeto de aspecto patibulario, con el que conversa animadamente. No puedo seguir persiguiéndoles toda la noche, pronto tendré que actuar, en alguna parte un reloj da las diez.
Correa y su amigo llegan hasta la pensión Montecatini. El aspecto del destartalado caserón me recuerda a " La Dolce Vita “. Para entrar utilizan una puerta lateral,  que da a un lóbrego callejón. No se que se traerán entre manos pero aquel se me antoja un sitio perfecto para mis fines. Pienso preparando la porra que siempre llevo con migo, el corazón me palpita desenfrenadamente y me sudan las manos. Furioso y contrariado tengo ganas de solucionar todo esto cuanto antes.
Correa y el otro  tipo vuelven a salir cuando apenas si he tenido tiempo de ocultarme entre las sombras. Van riéndose de algo, parecen muy contentos ajenos a mí presencia, hasta que es demasiado tarde para ellos. Mi primer golpe alcanza al desconocido en la nuca derribándolo fulminado. Maldiciendo, Correa logra zafarse de mi segunda acometida y retrocede trastabillando hasta la pared. Desde donde me lanza una mirada cargada de ira. Si realmente no estaba al tanto de mi interés por encontrarle, no parece demasiado sorprendido de verme.
- Creía haber sido lo bastante claro. Te dije que no quería volver a verte, que aquí no había sitio para ti, sobras. Solo tenías que saldar tus deudas y esfumarte en busca de una pocilga más apropia de la gente de tu ralea. Era un mensaje sencillo, fácil de entender hasta para alguien tan estúpido como has demostrado ser.- dije recordando nuestro último encuentro.
- Cabrón- escupe. Lanzado una rápida mirada hacia su compinche tendido en el suelo. Le he desnucado, no causara más problemas. – Veremos quien sobra.- brama. Intentando separarse de la pared que le cierra el paso a su espalda. Los tipos como el están curtidos en peleas callejeras, esta situación no le gusta se sabe en desventaja. Con un rápido movimiento una navaja aparece en su diestra, y con los ojos inyectados de sangre avanza decidido a rajarme. Nuevamente intento reducirle pero elude mis golpes y se defiende con fieras puntadas al aire. En una de estas apunto está de alcanzarme, pero soy más rápido y le desarmo de una patada. Al tiempo que sin darle tiempo a reaccionar le derribo de un porrazo en la boca. Yo también se lo que es pelear en la calle, no hay cuartel. Sujetándose la mandíbula rota rueda por el suelo mientras sigo golpeándolo con saña hasta que queda inerte. Mis ruidosos jadeos resuenan lúgubremente en el oscuro callejón, pero no me preocupa. No hay testigos, en estos lugares nunca los hay, es malo para la salud. Apoyándome en la pared intento normalizar un poco mi agitada respiración, estoy exhausto y sudo como un cerdo. Mi mano sujeta férreamente con determinación la porra ensangrentada, mientras intento con tener las ganas de vomitar. He de salir de aquí, la sangre de Correa empieza a formar un charco bajo su desfigurada cabeza, y el denso olor dulzón invade el ambiente tornándolo irrespirable.
La iglesia da San Donato permanece aún abierta y una docena de feligresas rezan devotamente, repartidas por los primeros bancos. Tras santiguarme respetuosamente, avanzo por uno de los pasillos laterales hacia el confesionario. Al verme llegar dos ancianas que aguardan su turno me observan detenidamente. El estomago sigue martirizándome y tentado estoy de recurrir al alkazelzer. Hoy ha sido uno de esos días para olvidar. Pienso recordando los dos cadáveres del callejón. Pero es la única forma de ganarse el respeto. No sé donde íbamos a llegar, esta gente no entiende sino es a golpes. Por suerte esto va rápido, la segunda anciana se dirige al confesionario, soy el siguiente. Lentamente empiezo a rezar para tener la mente ocupada en algo constructivo, pero no resulta fácil. Mis pensamientos se remiten inevitablemente a Correa y a su acompañante. La gente de esta calaña suelen acabar siempre así, pero no es nada agradable. El confesionario queda vacío, ya era hora. Con las piernas temblando me dirijo hacia el y me arrodillo frente a la oscura rejilla. Nunca se como empezar, pero Don Alberto el párroco me reconoce y me ayuda. Poco a poco voy confesando todas las culpas que me afligen. El día ha dado para mucho, chantajes, robo, violencia, sexo. Cuando parece que me embarullo, Don Alberto me anima a continuar sin prisas. La. reflexión me hace sentir mejor. Paulatinamente voy ganando confianza en mi mismo, mientras me relajo. Cuando termino Don Alberto me impone una piadosa penitencia y me da su perdón. Sinceramente agradecido y más tranquilo dejo el confesionario. La iglesia va quedándose vacía mientras rezo fervientemente para expiar mis pecados. Cuando termino mis oraciones, ya sólo queda luz en el altar. Puesto en pie me santiguo y me dirijo hacia el cepillo. Don Alberto sale en ese momento de la sacristía para ver si aún queda alguien. Nuestras miradas se cruzan y asiente comprensivo. Ladino finge mirar a otra parte mientras deposito mi donativo en la desgastada caja de madera. Así que acabo añadiendo un par de billetes más a los que tenía previsto dejar en principio. Entonces se acerca para saludarme atentamente. Habla reposadamente en un tono amistoso que transmite seguridad. Intercambiamos unas frases triviales mientras me acompaña a la puerta. Son más de las once de la noche, hora de irse a casa me noto realmente cansado. Le prometo asistir a misa el domingo, antes da besarle la mano agradecido, por sus bendiciones. Cuando salgo a la calle y cierra la puerta a mi espalda, me encuentro realmente relajado. Libre del peso de la culpa, me siento que estoy en paz conmigo mismo y con Dios que es lo más importante. Es una suerte esto de ser tan devoto uno puede sentirse atormentado por las culpas y por sus actos. Pero basta una sincera confesión de arrepentimiento junto con el propósito de enmienda. Para que cualquier tipo de pecado por reprobable que sea pueda quedar redimido. 

7 comentarios:

frank dijo...

Genial!

Doctora Anchoa dijo...

Me ha gustado mucho. Relato redondo.

Meg dijo...

Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena...Muy bueno!

juan andrés estrelles dijo...

Gracias Frank por el comentario y por la visita. Se bienvenido.

Gracias Doctora.
Me alegro de que el final haya estado a la altura. Un beso.

Cierto Meg lo importante es llegar, lo demás va quedando en el camino. Un besote.

MuCha dijo...

Juan Andres
maravilloso relato sensual donde me imagino lo que quiero imaginarme ...Nos dejas extasiados con tus letras....

Lo unico que yo haria seria hacer de un escrito dos, mas corto la sensualidad de tus textos me impregnarian mas ya que me quedaria esperando por....
Por favor no lo tomes a mal y jamas doy un consejo.Me gusta tu blog y mi admiracion por tus letras

Carlos dijo...

Buen retrato psicológico,tipos como ése en la vida real seguro que hay más de uno.
Saludos

Marita dijo...

"Es una suerte esto de ser tan devoto uno puede sentirse atormentado por las culpas y por sus actos. Pero basta una sincera confesión de arrepentimiento junto con el propósito de enmienda. Para que cualquier tipo de pecado por reprobable que sea pueda quedar redimido"....uuuyyy...uyyy....uuyyy....esa doble moral del protagonista es lo que se usa hoy en día...y sobre todo en las altas esferas...robo...pero como no es mucho...entonces no es robar...y si me encomiendo a Dios y a todos los santos y pido perdón, puede que no vaya al infierno y tenga un lugar en el cielo...porque dentro de todo no me he portado mal, soy buen cristiano porque me confieso y voy a misa....que poca conciencia!!!....me ha gustado el relato...besooossss