La verdad es que no sabría decir por que decidí crear este blog. Lo más sencillo, sería reconocer que siendo el escribir historias algo que siempre me ha gustado. La posibilidad de exponerlas para que cualquiera pueda leerlas me incentivó a tomar la decisión. Sea como sea, esta resultando una interesante experiencia, un atractivo divertimento del que quiero hacer participe a todo el que guste.







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jueves, 16 de febrero de 2012

Esperando a San Valentín ( I )


-Es un furgón de reparto, se le ha abierto la puerta de atrás y hay paquetes por toda la calle.- informó alguien de los que iba delante. Provocando un coro de protestas y reniegos entre el resto del pasaje.
-Genial.- mascullé contrariada. Guardando el estuche de las gafas que el brusco frenazo con que nos habíamos detenido, había deslizado fuera del bolso entreabierto. Debíamos estar a poco más de doscientos metros de mi parada, comprobé echando un apresurado vistazo por la ventanilla. Más otros tantos hasta la esquina en la que Luis me recogería. Aunque la idea de un sprint con tacones, bolso y abrigo no era algo que me sedujera en absoluto la verdad. Además a mi reloj marcaba las seis y media, con lo que todavía me quedaban veinte minutos para la hora a la que habíamos quedado. Tenía un margen de seguridad razonable para seguir siendo puntual. Me dije, convencida de que por otra parte no era probable que Luis fuera a serlo.
-Tranquilas apenas será un momento. Que se le va a hacer inconvenientes del transporte público.- comentó el chico sentado frente a mí. Viendo que mi vecina de asiento. Una estilizada rubia de rasgos nórdicos a la que no le había quitado ojo, desde que se había subido hacia un par de paradas. También consultaba con gesto preocupado su reloj y la pantalla del móvil. -Lo malo es que como siempre andamos justos de tiempo a veces parece que adelantaríamos más yendo a pie.- insistió con una sonrisa forzada. En un intento patéticamente desesperado por pegar la hebra fuera como fuera. No tuvo suerte, el teléfono de la chica empezó a emitir una pegajosa melodía que me hizo esbozar una sonrisa traviesa.
-Hola. ¿Qué tal?- dijo la chica con un pronunciado acento centro europeo. Mientras el improvisado Casanova fruncía el ceño defraudado. -¿Diga? ¿Diga?- insistió la chica con expresión contrariada.
-En esta zona hay problemas de cobertura.- apuntó el chico. Mirándome como si esperara mi aprobación, había vuelto a la carga. Desde luego era persistente pensé echando otro vistazo a mi reloj y tratando de ignorarle. No tenía ningunas ganas de hablar ni de seguirle el juego. La chica por su parte se revolvió en su asiento apretando el teléfono contra su oído, tratando de no perder la llamada.
-¿Diga? ¿Ángel? ¿Eres tú, Ángel?- apuntó en tono esperanzado estrujando un folleto que sujetaba en la mano libre. -¡Ángel¡ por fin.- celebró satisfecha mientras su cuerpo parecía relajarse. -Si ahora te escucho, mal pero te escucho. En el coche, yo en el autobús, si es un lío. ¿A las ocho? No, no, esta bien no hay problema.- asintió con vehemencia -De acuerdo nos vemos, adiós, hasta luego.- se despidió cerrando el móvil con un suspiro de alivio. -­¡Joder¡ lo siento.- se disculpo horrorizada viendo que con sus manejos casi me había echado de mi asiento. -Disculpe, yo..- musitó avergonzada separándose e intentando replegar rápidamente sus largas y estilizadas piernas. Mientras yo le sonreía comprensiva y divertida.
- Ya, ya vale. Tranquila no a sido para tanto y al menos consiguió atender la llamada. Que por su interés parecía ser importante.- zanjé conciliadora y con una sonrisa indulgente. Que ella agradeció con expresión complacida.
-Si lo era.- asintió - Era por trabajo, no era una cita. Es trabajo.- ­precisó reaccionando al instante en tono contrariado. Mientras negaba frenéticamente con las manos.
-Bueno, desde luego que el trabajo es importante. Pero estará de acuerdo conmigo en que no lo es menos una cita.- acepté enarcando las cejas con gesto decidido, sujetando sus manos nerviosas. Lo que provocó la ávida mirada de nuestro acompañante que a buen seguro hubiera dado lo que fuera por estar en mi lugar. Deseoso por lograr meter baza el chico pareció dispuesto a añadir algo. Justo en el momento en que con una brusca sacudida el autobús volvía a ponerse en marcha ante el alivio general.
-Bueno, parece que volvemos a estar en camino.- comenté con una mueca resignada. Que hizo sonreír a mi vecina de asiento.
- Si es verdad, ya se mueve.- comentó de inmediato el chaval. Segundos antes de que en efecto el autobús volviera a ponerse en marcha tras casi dos interminables minutos de inmovilidad. En los que para variar, había acabado poniéndome de los nervios.
-Menos mal ando justa de tiempo y me gusta ser puntual.- me confesó la chica en un susurro. Ignorando al chico.
-Si, yo también odio retrasarme.- asentí comprensiva. -Es la mía.- comente viendo acercarse mi parada. Asiendo el bolso eché un rápido vistazo a mí alrededor para asegurarme de que no me dejaba nada. -Bueno pues que le vaya bien con el trabajo.- le deseé a la muchacha, que asintió con gesto agradecido.
-Gracias y a usted con su cita.- respondió con una sonrisa traviesa.
-Se hará lo posible.- aseguré en tono resuelto -Quien sabe al igual a usted también se le presenta ocasión. - añadí en tono malicioso. Haciendo un leve gesto con la cabeza hacia nuestro Don Juan particular.
-Voy a estar muy ocupada.- aseguró ella de inmediato, tomando una revista que tenía en su regazo.
-Bueno solo era una posibilidad.- acepté con gesto resignado - Ha sido un placer. Que vaya bien.- me despedí mientras empezaba a levantarme.
-Lo mismo digo. E insisto, ruego que acepte mis disculpas.- perseveró la chica con una sonrisa.
-De acuerdo. Aunque yo a mi vez insisto en que no hay por que disculparse.- aseguré empezando a ir hacia la puerta que empezaba a abrirse. Segundos después ya en la acera, escapaba de milagro de ser arrollada por un apresurado individuo cargado con un sinfín de bolsas.
-¡Por Dios¡ Perdóneme- -¿Está usted bien?- se interesó solícito con expresión azorada.
-No es nada, tranquilo- acepté comprensiva indicándole que subiera. –Acelere no se entretenga. Este conductor no es de los que da el más mínimo respiro.- aseguré. Haciéndole esbozar una abierta sonrisa digna de anuncio.
-Gracias por avisar y perdone.- respondió apresuradamente metiéndose en el vehículo antes de que se cerrara la puerta.
-Adiós guapo.- comenté devolviéndole el saludo que me enviaba. Tras ir a sentarse precisamente en el lugar que yo acababa de dejar. Quien sabe tal vez después de todo la joven desconocida aun fuera a tener suerte esta tarde. Pensé dejándome llevar por esa vena romántica que todos parecemos tener un día como hoy.
La sintonía del móvil, que empezó a sonar en mi bolsillo. Borró por completo todos estos buenos pensamientos. Sustituyéndolos de golpe por un funesto presentimiento. Que cobró total certeza en cuanto descolgué con gesto resignado.
-No, no me lo digas, te surgió un imprevisto.- suspiré en tono abatido. En tanto que el profundo silencio al otro lado de la línea me confirmaba que efectivamente el había vuelto a hacerlo. Cumpliría con la norma, hoy también llegaría tarde.
-Lo siento cariño es una reunión de última hora.
-¡Joder¡ Vamos no fastidies, dijiste que podrías salir a las siete.- protesté sintiendo crecer mi enfado. No quería oír sus excusas. El había planeado que nos encontráramos antes, había sido idea suya, esta vez la decepción era doble. Pensé dominando el impulso de colgarle. -En fin pensé que habrías tenido en cuenta los imprevistos. Desde luego parecías muy convencido. A mí me pareció un poco extraño, incluso recuerdo haber bromeado al respecto. Pero tú dijiste que esta sería nuestra noche, así que quedamos en encontrarnos a las siete.- expuse en tono cínico poco dispuesta a dejarle ir así sin más. Si yo iba a tener que esperarle. No estaría de más que el tuviera que pensar en todo esto mientras se ocupaba de aquella dichosa reunión o lo que fuera. Si tenía un trabajo del que ocuparse tan bien tenía una relación a la que atender.
-Escucha gatita entiendo que estés furiosa pero..- empezó a decir en el tono suave al que recurría para mostrarse conciliador.
-No me llames gatita.- gruñí en tono cortante -Lo odio, no soy tu gatita.- añadí molesta lanzando una mirada desafiante a una muchacha que caminaba junto a mi y parecía haber estado escuchando. La chica apresuró el paso fingiendo indiferencia. Mientras Luis aprovechaba para intentar suavizar el asunto.
-¿Lo odias? ¿Desde cuando odias que te llame gatita?- inquirió desconcertado -Nunca me lo habías dicho, pensaba que te gustaba. No se, es un apelativo cariñoso.- prosiguió dubitativo como si mi protesta hubiera supuesto algún tipo de revelación extraordinaria.
-Si es que lo sabía. Esto solo me pasa a mí.- lamenté con resignación. Por un momento había llegado a sentir como una especie de culpabilidad. Como si acaso le hubiera estado ocultando algo importante y comprometedor. -Escucha para tu información gatita no ha sido nunca un apelativo que me apasione. Si bien tampoco es que me moleste, por lo que no le doy demasiada importancia. Pero si me lo llamas en plena discusión entonces sí. Lo odio.- zanjé deseosa de cambiar de asunto. El cabreo empezaba a ofuscarme y conociéndome temí acabar diciendo algo de lo que pudiera arrepentirme. Lo mejor sería dejarlo correr y no convertir aquello en algo realmente grave.
-Bueno esta bien. No le demos más vueltas, esperaré donde habíamos quedado. Por lo menos intenta que no se alargue demasiado.- concedí en un tono comedido y conciliador.
-Esa es mi chica.- dijo el atropelladamente. Tras lo que me pareció un suspiro de alivio.- Un beso.- se despidió. Colgando sin llegar a comprometerse a nada de lo que poder tenerse que arrepentir. En fin al menos habíamos capeado el conato de crisis. Pensé resignada llegando al lugar  de la cita. Para descubrir con fastidio que la chocolatería donde esperaba aguardar tomando algo caliente estaba cerrada.
-Maldita suerte.- mascullé contrariada. Leyendo el cartel que anunciaba el día de descanso del personal. Empezaba a hacer frío y no se veía otro bar por el alrededor. Una tarde redonda pensé, empezando a sentirme abatida. Mientras recorría con la mirada los alrededores. Portales de edificios, tiendas cerradas, la entrada de un parking. Una lavandería con cuya verja de cierre bregaba desesperada una chica, sin duda deseosa de cerrar. Entonces la vi. -Menos mal.- proclamé satisfecha apresurándome a cruzar la calle. La verdad es que no frecuentaba demasiado la zona pero aun así me extrañaba no recordar aquella librería. Hacia cuyo iluminado y acogedor escaparate me dirigí en busca de un refugio. Que en mi caso no podía ser más que doblemente idóneo. Pues siendo una lectora compulsiva que mejor lugar donde  resguardarse a esperar. Aprovechando sin duda para acabar comprando algún que otro ejemplar.
-Buenas tardes.- dije entrando decidida. Mientras lanzaba una mirada complacida a los repletos y pulcramente ordenados estantes que recubrían las paredes.
-Buenas tardes.- me respondieron al unísono la dependienta y un par de chicos a los que estaba envolviendo unos libros.

En mi caso los balances de mis estados de guerra emocionales. Podía decirse que resultaban tan positivos para mi biblioteca como negativos para mi economía. De hecho no sería la primera vez que cavaba atemperando mi estado de ánimo recorriendo una librería. Lugares de los que todo hay que decirlo nunca salía con las manos vacías. Esta vez la tentación me saltó pronto a los ojos en forma de un estuche recopilatorio sobre escritores rusos censurados en la época soviética. Que divise sobre una mesa con el prometedor rotulo de ediciones especiales. El estuche incluía media docena de ejemplares de diversos autores algunos de cuyos nombres captaron mi interés de inmediato. Bulgakov, Ajmantova, Maiakovski, Bábel. Así como un apéndice con el relato de las vicisitudes a las que hubieron de enfrentarse en su tiempo. Aquello era una joya comprobé momentáneamente extasiada. Una tentación tan apetecible como prohibitiva reconocí a mi pesar  tras echar una ojeada al precio.  
-Otra vez será- rumié por lo bajo. Echando mano de la necesaria dosis de sentido común que requería la ocasión. Vacaciones en la nieve, regalos de navidad, modelito para la fiesta de fin de año. Este año para mi economía la cuesta de Enero no iba a terminar por lo menos hasta mediados de Julio. Todo eso sin contar el regalo de Luis que llevaba en el bolso, un exclusivo cinturón Hermes que le iba a encantar. Por que claro esta, ya puestos hay que celebrar San Valentín.

8 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Ójala el tal Luis reciba una buena colleja, por tardón XD. Me ha gustado el post, muy bien contado.

Layna dijo...

Estoy ansiosa por leer la segunda parte!! Me ha encantado como has dibujado a la protagonista. Genial!

juan andrés estrelles dijo...

Pronto lo sabremos. Gracias Doctora. Un beso.

Tranquila Layna la segunda parte la tendréis hoy mismo. Espero que también te guste. Un besazo.

Cris Ham dijo...

Cómo me fastidian a mi esos cambios de última hora, y con excusas. yo cambio el cinturón de Hermes y me compró un bolso, de mujer por supuesto, tan ricamente.

juan andrés estrelles dijo...

Estoy de acuerdo Cris el tal Luis se lo tendría bien merecido. Veremos que pasa.

Meg dijo...

No tiene que ver, pero lo de escucha gatita me ha recordado a Newman en la gta sobre el tejado de Zinc...Me ha gustado, como siempre, voy leerl el resto...

Un beso!!

TriniReina dijo...

Espero que le ponga remedio pronto, porque si no...

Menos mal que nunca he celebrado este día:)

Saludos

juan andrés estrelles dijo...

Gracias Meg espero que te guste. Un beso.

Cierto Trini esperemos que lo arreglen. Pero en fin ya queda poco para que salgamos de dudas.