La verdad es que no sabría decir por que decidí crear este blog. Lo más sencillo, sería reconocer que siendo el escribir historias algo que siempre me ha gustado. La posibilidad de exponerlas para que cualquiera pueda leerlas me incentivó a tomar la decisión. Sea como sea, esta resultando una interesante experiencia, un atractivo divertimento del que quiero hacer participe a todo el que guste.







Para cualquier sugerencia, crítica u opinión.






jaestrelles@gmail.com






























martes, 21 de febrero de 2012

Esperando a San Valentín ( III final )

-Gracias, que tenga una buena tarde.- dijo la dependienta tendiéndome el ticket con una sonrisa.
- Igualmente.- respondí, y dando medía vuelta salí de la librería resignada a continuar con la espera. Me vino entonces a la cabeza un algo que recordaba haber leído tras los sucesos del 11 S y la posterior guerra de Afganistán. De entre la enorme cantidad de artículos publicados. Me había llamado mucho la atención uno que hacia referencia a cierto sondeo referente el impacto económico que un conflicto bélico solía ejercer sobre los hábitos de las norteamericanas. Al parecer cierto sesudo analista se había parado a analizar ciertos cambios que sus compatriotas femeninas realizaban a la hora de adecuar la economía domestica en tiempo de guerra. Según su estudio entre las cosas en que las norteamericanas tendían a economizar. Los cosméticos ocupaban un lugar apreciable. Era algo pues, en lo que las mujeres buscaban una porción de ahorro domestico. Pero curiosamente de entre todos los cosméticos y productos de belleza que sufrían de esta restricción. Había uno que no solo escapaba a la norma. Si no que se veía claramente reforzado. Las americanas se resistían a prescindir de una buena barra de labios en condiciones y a ser posible de primera calidad. El espíritu del esfuerzo bélico podía llevarse por delante coloretes, sombras de ojos, cremas y de más. Pero el carmín escapaba siempre a esta factura.

La reflexión me hizo pensar que en mi caso los libros sustituían a la barra de labios. Ya podía estar fastidiada mi economía domestica. Que al primer conato de trifulca con Luis había acabado en una librería. De la que salía eso si relajada y con un buen par de libros a los que ya estaba deseando hincar el diente. Claro que en la bolsa con los libros para lastrar a un más mis finanzas, también venía una nueva factura. Una factura en este caso contante y sonante que debería cargarle a Luis. Junto con la extensa factura de pequeños desengaños y decepciones emocionales que me producían sus constantes retrasos. Pensé fijándome en la estilizada figura de la chica de la librería, que al otro lado de la calle hablaba por el móvil paseando inquieta por la acera.
-Si, si, ya se que tenías que ayudar a tu padre con lo del coche. Pero me dijiste que solo te llevaría una media hora así que ya deberías estar aquí-  la oí protestar en tono contrito. Mientras alcanzaba la triste y desangelada playa de almas solitarias en que parecía haberse convertido aquella esquina. Ella se volvió en ese instante hacia mí y nuestras miradas se encontraron.
-Vale, te espero.- dijo resignada. Mientras me dedicaba un leve gesto de saludo que correspondí de igual forma. -Que si pesado que te quiero.  Venga Carlos por favor no seas tonto.- protestó contrariada en tono quejumbroso.-Vale, un beso.- claudicó finalmente -Pero solo uno y más te vale estar aquí cuanto antes.- advirtió reaccionando en un último momento.
En tanto mi teléfono también cobraba vida. Al parecer me había llegado el turno de las buenas palabras y las disculpas improvisadas. Pensé descolgando sin mucho entusiasmo. Antes de caer en la cuenta de que también podía tratarse del aviso de un nuevo retraso.
-Por tu bien espero que ya estés de camino.- espeté en un tono desabrido. Provocado por el temor de mi último y funesto presentimiento.
-Que si mujer, caray que genio. Precisamente eso era lo que quería decirte.- protestó Luis a la defensiva- Hay algo de retención pero estoy de camino. Aunque pensándolo bien la verdad no tengo muy claro que sigas queriendo verme.- añadió. En un estudiado tono lastimero, del que solía echar mano en estas situaciones. El muy gandul se las sabía todas, pensé con un suspiro entre cabreado y resignado. Al menos ya había salido no había más sorpresas imprevistas.
-No seas trasto, que es la menda quien esta aquí plantada esperando mientras se congela.- recriminé algo menos expeditiva.- Estoy por dejarte escritos mis protestas y reniegos. Por si cuando llegues resulta que me he convertido en una especie de momia de hielo. Como la de ese hombre prehistórico que encontraron en un glaciar austriaco.- añadí con ironía, haciéndole reír. Si al final la cosa parecía que iba a arreglarse. Tampoco había por que ponerse demasiado bordes.
- Vale, ya se que la falta de riego en el cerebro puede producir alucinaciones.- aceptó el con resignación -Pero en tu caso esa teoría no sirve puesto que es sabido que estas loca. En fin prometo llegar lo antes posible, un beso.
-Bueno, supongo que tendré que conformarme.- acepté mientras se cortaba la comunicación. Unos metros más allá con expresión aterida y las manos profundamente hundidas en los bolsillos del abrigo. La chica me dedicó una desangelada sonrisa. La pobre debía estar congelada pensé. Mientras un escalofrió me recorría la espalda al recordar el exiguo vestuario que portaba bajo el abrigo.

Reparé entonces en la presencia de un nuevo recién llegado a la esquina de los que aguardan. No había duda, comprobé reconociendo en su expresión contrariada y aire de desconcierto. Las señales inequívocas que le convertían en el ¨afortunado¨ numero tres. Por lo menos esta vez se habían intercambiado las tornas. Pensé satisfecha cruzando una mirada cómplice con la chica que me respondió con un gesto de asentimiento y una mueca divertida. Mientras observábamos el abrumado gesto de decepción del desconocido al constatar finalmente que le iba a tocar esperar. Enhorabuena, bien venido al club. Cinco minutos, cuatros comprobaciones de reloj y dos intentos de llamada sin respuesta después. Estaba claro que a nuestro impaciente y desconcertado compañero de espera. Le faltaba aún mucha experiencia para sobrellevar este tipo de situaciones. Al menos los hay que tropiezan con la horma de su zapato. Parecían decir las sonrisas con las que la chica y yo observábamos sus contrariados manejos. En aquellos momentos el podía estar pasando por nuestra misma situación pero no había lugar para la compasión. Su espera jamás sería comparable a las nuestras. Simplemente hoy le tocaba probar un poco de la medicina a la que “su bando” era tan aficionado.
Quizás fueran precisamente nuestro inmisericorde regocijo y falta de consideración. Lo que propicio que su pareja una sonriente muchacha con un embarazo incipiente. Apareciera justo en ese preciso instante cargada con unas bolsas que el solícito, se apresuro a arrebatarle. Cinco minutos de espera aquello no era un retraso y encima a una embarazada a la que ni siquiera se le podía tener en cuenta. Pensé mirando a mi compañera de fatigas y haciendo un gesto de resignado fastidio. Estaba visto que hoy con nosotras, la vida había decidido ser especialmente injusta. Comprendí sintiendo un arrebato de contrariada melancolía. En tanto un aguerrido motorista ocupaba el sitio dejado por el coche de la feliz pareja.
-¿Qué guapa? ¿Te llevo?- propuso el recién llegado quitándose el casco. Mientras le dedicaba una cautivadora sonrisa a mi desprevenida compañera de espera. Quien le contemplaba atónita con el rostro demudado por la impresión.
-Carlos- acertó a articular la pobre tras unos segundos de pasmada incredulidad.
-¡Sorpresa¡- anunció el chico señalando la moto visiblemente satisfecho. -¿Qué te parece? ¿No es alucínate?- añadió desmontando y yendo a abrazarla. Para atraerla hacia su nueva y reluciente cabalgadura.
  -¿Pero tu, tu dijiste? ¿El coche?- interrogó ella sin dejar de contemplar la moto con expresión horrorizada. Con la que no pude menos que sentirme totalmente identificada. Un paseito en moto en un día como hoy y en sus circunstancias, menuda idea. Pensé compadeciéndome de la pobre chica. La ilusión y el entusiasmo con que ella había preparado su sorpresa iba a quedar congelada en cuanto se subiera aquella especie de maquina infernal. Por que ellas siempre se tenían que estar temiendo. Que las sorpresas que se les pueden ocurrir a sus parejas raramente acabaran encajando con lo que ellas esperaban de ellos.
El sonido de un claxon me sacó de mis cavilaciones. Al fin me dije frunciendo el ceño con un mohín de estudiado disgusto. En respuesta a la andanada de besos que Luis me enviaba mientras acercaba el coche a la acera.
-Soy culpable, perdonadme alteza concededme clemencia.- proclamó saliendo del coche agitando un pañuelo blanco en señal de rendición.
-Menos cuentos, caperucita. Lo que eres es una calamidad.- recriminé arrebatándole el pañuelo y dejando que me besara.
-Si, vale tienes razón lo soy. Pero te quiero muchísimo.- aseguró abrazándome zalamero.
-Claro y eso esta muy bien pero que tal si eso me lo sigues diciendo en otra parte. Sácame de aquí estoy helada.- solicité en tono perentorio.
-Hecho, sus deseos son ordenes.- aceptó haciéndose a un lado y cediéndome el paso hacia el coche.
-¿Has visto? ¿Ese juguete debe de ser una verdadera gozada?- dijo echando un vistazo a la moto. A la que su orgulloso propietario ayudaba a subir a su resignada acompañante.
-Si bueno, creéme hoy no es un buen día para ir en moto.- aseguré en tono enigmático. Mientras mi mirada se encontraba con la de la chica. Ajenos a todo mi Luis y su Carlos siguieron a lo suyo mientras con gesto solidario nosotras aprovechábamos para despedimos. Ella con una sonrisa resignada yo con un guiño cómplice.

sábado, 18 de febrero de 2012

Esperando a San Valentín ( II )

-¿Si busca algo en concreto?- se interesó amablemente la dependienta acercándose. Había terminado con los chicos que salían en aquellos momentos dejándonos a solas.
-En concreto la verdad es que no. Solo miraba a ver si algo podía ser interesante.- dije dejando el estuche con gesto resignado. Mientras una idea repentina me venía a la cabeza. - Aunque la verdad es que ahora que lo dice hace unos días me recomendaron una novela corta. El Alambique, me parece que se llamaba. No recuerdo el autor y me parece que salió hace ya algunos años. Pero se ha vuelto a reeditar.- comenté, repentinamente interesada y sorprendida. Pues si bien recordaba el titulo y los comentarios. La verdad es que ahora mismo no conseguía situar a la persona ni el momento en que se había producido aquella conversación.
-El Alambique, no se, el caso es que me suena.- aseguró la dependienta. Encaminándose hacia unas estanterías colocadas paralelamente y repletas de ediciones de bolsillo. -Últimamente nos han llegado un buen número de reediciones.- añadió empezando a repasar los estantes con gesto experimentado.
-Bueno la verdad es que aunque se comentó que era una reedición, tampoco sé, si era de ahora.- reconocí en tono contrito. Acercándome junto a ella que sonrió con gesto tranquilizador. 
-Bien, nadie dijo que fuera a ser fácil- comentó divertida. Rodeando la estantería y poniéndose en cuclillas para empezar a repasar atentamente los ejemplares de los estantes inferiores. Gesto que imité, quedando mis ojos frente a una nutrida representación de ejemplares de Vázquez-Figueroa. Que rápidamente desestimé tratando de ver que hacia mi guía. Quien si parecía haber encontrado algo. Justo en el momento en que la campanilla de la puerta anunció que alguien entraba en la librería.
-¿Rosa?- inquirió una joven voz femenina. - Rosa, soy yo.- anunció la voz acercándose.
-Genial ¡¡ Mira por donde resulta que la paloma ya vuela libre.­- comentó la dependienta en tono irónico a modo de respuesta. Mientras sacaba un ejemplar que me mostró enarcando las cejas, pues resultó ser de El Aleph. Lástima pareció decir con un mohín decepcionado.
  -Ya muy graciosa.- oímos refunfuñar la recién llegada. Que siguió a lo suyo.- ¿Dónde andas?­ -añadió en tono apresurado.
-Estoy aquí un minuto, no seas impaciente relájate. Que mucho quejarte y protestar pero al final vas a conseguir escaparte antes.- suspiró Rosa resignada devolviendo el libro a su lugar.
-¡Antes¡ Antes me hubiera ido, si no fuera por esa condenada puerta. He vuelto a tener que pelearme con ella para conseguir cerrar.- protestó la chica con vehemencia. Mientras la oíamos acercarse con paso decidido.- Bueno a lo que interesa. ¿Que te parece como me queda?- dijo rodeando la estantería. Mientras se abría el abrigo con gesto decidido. Dejando ver una delicada y vaporosa negligé. Bajo la que resaltaba un espectacular conjunto de lencería negra.
-¡Mierda¡- exclamó la chica. Al verme arrodillada frente a ella, contemplándola con expresión alucinada. –Joder, joder- resopló. Apresurándose a cubrirse con el abrigo con gesto turbado mientras desaparecía rápidamente en dirección a la trastienda.
-Lo siento.- se disculpó la dependienta con gesto de circunstancias. Cuando consiguió reaccionar tras el evidente desconcierto. -Primer San Valentín con novio formal.- reveló en tono de confidencia, con expresión cariacontecida.
-En tiendo.- respondí asintiendo comprensiva. Antes de que las dos empezáramos a desternillarnos de risa por lo sucedido.
-Le ruego que nos disculpe- pidió la dependienta tratando de contener la risa. Se le habían saltado las lágrimas.
-No se preocupe es una de esas anécdotas que podré estar contando toda mi vida.- aseguré restándole importancia.  
-En fin comprobaré lo de ese titulo. Si quiere seguir echando un vistazo. En la estantería de la esquina encontrará una selección de nuevos autores sudamericanos. Parece que vale la pena, al menos están teniendo bastante aceptación.- recomendó solicita. Antes de dirigirse al mostrador.
 -Esta bien, gracias.- respondí yendo a echar un vistazo.
Un minuto después mientras leía la biografía de un autor mejicano en la solapa de su libro de cuentos. Reparé en una estantería situada en un rincón. Fue apenas una mirada casual que de inmediato por alguna razón, me hizo acercarme a ella como atraída por un imán.
-Anda mi madre.- gruñí gratamente sorprendida. Empezando a leer habidamente títulos y nombres de autores en rápida sucesión. Sartre, Pérez Galdós, Joyce, Maupaussant, aparecían entremezclados sin orden ni concierto como si alguien hubiera tenido que escoger a toda prisa aquellos títulos que salvaría de entre su biblioteca. Caí entonces en la cuenta de que paradójicamente el contenido de aquella estantería reunía todo lo necesario para complacer al lector más exigente. Una especie de curiosa babel literaria que constituía en si misma una muestra representativa de la llamada literatura universal. Que de inmediato me apresuré a revisar con habido deleite. Era de locos, encontré a Kafka junto a Onetti, Thagore y Gogol acompañando a Lampelusa, en una suerte de caprichosos y sorprendentes hermanamientos. Cuyas sucesivas asociaciones consiguieron arrancarme más de una sonrisa. Mientras mis dedos se desplazaban suavemente sobre los lomos en tanto iba leyendo atentamente los títulos. Hasta que uno captó mi atención, El Extranjero. Cuidadosamente, pugné por sacarlo del estrecho espacio en donde había quedado emparedado entre -como no- dos extraños compañeros. El retrato de Doryan Grey, y Del Asesinato Visto como una de las Bellas Artes. Desde luego tendría que preguntar quién era el responsable de semejantes combinaciones. Pensé divertida, hace falta algún tipo de talento especial para alcanzar semejante nivel de refinada malicia. Oscar Wilde y Thomas de Gincey, escoltando estrechamente al pobre Camus. Quien a buen seguro que habría alucinado. De haberse podido llevar a cabo realmente aquel encuentro con semejantes personalidades.
-Camus- comentó la dependienta acercándose -Buena elección- añadió asintiendo complacida.
-El Extranjero.- dije pasándoselo
-Desde luego los clásicos nunca defrauda son una apuesta segura.­- convino tomando el libro y palmeándolo suavemente.
-Hace años que le presté un ejemplar a un familiar y supongo que ya va siendo hora de pensar en reemplazarlo.- comenté en un tono resignado que la hizo sonreír.
-En tiendo. Pero en fin, ya conoce el dicho. Amigos y parientes suelen ser los principales enemigos de una biblioteca.- aseguró con expresión resignada. -Créame se lo digo por propia experiencia.- confesó. Mientras ambas nos volvíamos hacia la puerta de la trastienda. Por la que, con el rostro encendido por el rubor apareció la chica del abrigo. Que se quedó mirándome con expresión azorada.
-Anda, ven para acá que desde luego eres única.- dijo la dependienta con un resignado suspiro.- ¿Ya?- inquirió con expresión divertida.
-Perdóneme, por lo de antes. He sido una idiota lo siento.- musitó la chica entono contrito, mientras se acercaba.
  -Por favor, no ha sido nada olvídalo no hay nada que disculpar.­- interrumpí con gesto desenfadado restándole importancia.
-¿Bueno y qué? ¿Cómo te quedan?- inquirió la dependienta con expresión picara. Haciendo que la muchacha volviera ruborizarse de golpe. Mientras nos miraba con expresión cohibida. -Disculpe, espero que no le moleste.- solicitó la dependienta volviéndose hacia mi. Interpretando las dudas de su amiga.
-No claro. ¿Pero si prefieren quedarse a solas?- respondí con una sonrisa. En tono desenfadado.
-Querida a la señora ya la pillaste con el ensayo general. Pienso que es justo que vea el resto de la función.- bromeó la dependienta en tono irónico. Mientras con gesto trémulo la chica empezaba a abrir el abrigo. El sensual y vaporoso atuendo había quedado completado con un delicado conjunto de medias y liguero a juego que lo volvían más sugerente si cabe. Lo que unido a unos estupendos zapatos con tacones de vértigo sin duda completaban la fantasía masculina por excelencia.
-Genial.- elogió la dependienta. Asintiendo resuelta con gesto aprobador.
-¿En serio?- dudó la chica.
-Pues claro, estás de muerte. Ya veras, le vas a dejar sin aliento.-aseguró su amiga- A los tíos les chiflan estas cosas, es una de sus fantasías recurrentes. Pero seguro que ni en sueños esperaba algo así. - añadió mirándome  con gesto de complicidad.
-Desde luego es todo un golpe.- coincidí al instante con una sonrisa traviesa.
 -Bueno, no se. ¿Seguro?- balbució la chica. Mirándonos alternativamente a mi y a su amiga que asentía aprobadora.
-Nada, lo dicho, excelente, el toque perfecto. Estas fantástica, ya verás lo vas a dejar pasmado.- remachó la dependienta plenamente convencida.
-Ya. Pero, en fin, no se igual es demasiado. Tampoco quiero quedar como una loba.- comentó dubitativa. Provocando la airada e inmediata reacción de su amiga.
- ¡Una loba¡ Por Dios, que ocurrencia, llevas dos semanas preparándolo todo hasta el más mínimo detalle. Querías que fuera una sorpresa muy especial, no me dirás que te va a dar ahora un arrebato de recato y decoro.­- argumentó en tono convincente.  Mirándome decidida como buscado mi respaldo.
-Desde luego si lo que buscabas era sorprenderle. Te aseguro que esto será algo inolvidable.- reconocí con gesto aprobador. -Y seguro que tú tampoco olvidaras la cara que se le va a quedar cuando te vea. Después de esto que le den la Playstation.- concluí en un tono socarrón que las hizo reír de buena gana.   
-¿Ves? Ahí lo tienes.- remarcó la dependienta asintiendo con vehemencia. Mientras la expresión de circunstancias de la chica se tornaba mucho más decidida.
-Pues nada, vamos a ya.- aceptó llevada por un renovado ímpetu. ­-Gracias eres un sol.- añadió dando un abrazo a su amiga.
-Que si pesada, anda, lárgate que aún vas a hacer tarde.- ordenó la dependienta apartándola con gesto apresurado.
-Perfecto- dijo la chica en tono complacido cerrando y ajustándose la chaqueta. -Tengo que irme, chao, nos vemos mañana. Adiós.- se despidió con una amplia sonrisa. Dejándonos finalmente a solas.
-El estrés de los veinte. Que si voy, que si vengo, que si quiero, que si no. Por Dios que locura.- comentó divertida la dependienta con un resignado suspiro.
-Gajes de la edad. Aun que por lo que veo usted le tiene tomado el punto.
-Si, bueno, no crea que a veces no consigue sorprenderme con alguno de sus arrebatos. Pero en fin, tengo una hija de cuatro años así que esto es como estar haciendo un cursillo preparatorio y la verdad es que me lo paso en grande.- reconoció divertida. Mientras se fijaba en el librito de cuentos del autor mejicano que sin darme cuenta aún sostenía en mis manos. -¿Hubo suerte?- se interesó al punto, recuperando la faceta profesional.
-Pues no, por ahora no, este solo lo estuve hojeando.- dije devolviéndoselo y tomando El Extranjero.
-Bueno me temo en el stock no aparece referencia alguna sobre el Alambique.-informó resignada.
-Tranquila ya habíamos quedado en que no iba a ser fácil. ¿Recuerda?- bromeé con una sonrisa.
-Si es cierto.-convino, frunciendo el ceño con expresión pensativa. -Pero el caso es que ese titulo me suena haberlo leído hace poco.- insistió pensativa. Clavando repentinamente la mirada en el librito que tenía en las manos.-Cuentos, relatos.- dijo. Alzando la cabeza con expresión decidida.-Claro que si, relatos.- insistió. Dirigiéndose resuelta hacia una estantería situada frente al mostrador de caja. De la que tras un rápido repaso tomo un ejemplar. -Aja, aquí estas. Te pillé.- proclamó en tono satisfecho tendiéndomelo con gesto ceremonioso.
-Los misterios del desván, selección de relatos.- leí abriéndolo y buscando el índice. -El Alambique -dije  en tono satisfecho señalando el titulo con el dedo.-Rosa es usted única.- reconocí en un tono sincero que la hizo reír. Después de todo parecía que la tarde empezaba a encarrilarse. Pensé recordando a Luis.

jueves, 16 de febrero de 2012

Esperando a San Valentín ( I )


-Es un furgón de reparto, se le ha abierto la puerta de atrás y hay paquetes por toda la calle.- informó alguien de los que iba delante. Provocando un coro de protestas y reniegos entre el resto del pasaje.
-Genial.- mascullé contrariada. Guardando el estuche de las gafas que el brusco frenazo con que nos habíamos detenido, había deslizado fuera del bolso entreabierto. Debíamos estar a poco más de doscientos metros de mi parada, comprobé echando un apresurado vistazo por la ventanilla. Más otros tantos hasta la esquina en la que Luis me recogería. Aunque la idea de un sprint con tacones, bolso y abrigo no era algo que me sedujera en absoluto la verdad. Además a mi reloj marcaba las seis y media, con lo que todavía me quedaban veinte minutos para la hora a la que habíamos quedado. Tenía un margen de seguridad razonable para seguir siendo puntual. Me dije, convencida de que por otra parte no era probable que Luis fuera a serlo.
-Tranquilas apenas será un momento. Que se le va a hacer inconvenientes del transporte público.- comentó el chico sentado frente a mí. Viendo que mi vecina de asiento. Una estilizada rubia de rasgos nórdicos a la que no le había quitado ojo, desde que se había subido hacia un par de paradas. También consultaba con gesto preocupado su reloj y la pantalla del móvil. -Lo malo es que como siempre andamos justos de tiempo a veces parece que adelantaríamos más yendo a pie.- insistió con una sonrisa forzada. En un intento patéticamente desesperado por pegar la hebra fuera como fuera. No tuvo suerte, el teléfono de la chica empezó a emitir una pegajosa melodía que me hizo esbozar una sonrisa traviesa.
-Hola. ¿Qué tal?- dijo la chica con un pronunciado acento centro europeo. Mientras el improvisado Casanova fruncía el ceño defraudado. -¿Diga? ¿Diga?- insistió la chica con expresión contrariada.
-En esta zona hay problemas de cobertura.- apuntó el chico. Mirándome como si esperara mi aprobación, había vuelto a la carga. Desde luego era persistente pensé echando otro vistazo a mi reloj y tratando de ignorarle. No tenía ningunas ganas de hablar ni de seguirle el juego. La chica por su parte se revolvió en su asiento apretando el teléfono contra su oído, tratando de no perder la llamada.
-¿Diga? ¿Ángel? ¿Eres tú, Ángel?- apuntó en tono esperanzado estrujando un folleto que sujetaba en la mano libre. -¡Ángel¡ por fin.- celebró satisfecha mientras su cuerpo parecía relajarse. -Si ahora te escucho, mal pero te escucho. En el coche, yo en el autobús, si es un lío. ¿A las ocho? No, no, esta bien no hay problema.- asintió con vehemencia -De acuerdo nos vemos, adiós, hasta luego.- se despidió cerrando el móvil con un suspiro de alivio. -­¡Joder¡ lo siento.- se disculpo horrorizada viendo que con sus manejos casi me había echado de mi asiento. -Disculpe, yo..- musitó avergonzada separándose e intentando replegar rápidamente sus largas y estilizadas piernas. Mientras yo le sonreía comprensiva y divertida.
- Ya, ya vale. Tranquila no a sido para tanto y al menos consiguió atender la llamada. Que por su interés parecía ser importante.- zanjé conciliadora y con una sonrisa indulgente. Que ella agradeció con expresión complacida.
-Si lo era.- asintió - Era por trabajo, no era una cita. Es trabajo.- ­precisó reaccionando al instante en tono contrariado. Mientras negaba frenéticamente con las manos.
-Bueno, desde luego que el trabajo es importante. Pero estará de acuerdo conmigo en que no lo es menos una cita.- acepté enarcando las cejas con gesto decidido, sujetando sus manos nerviosas. Lo que provocó la ávida mirada de nuestro acompañante que a buen seguro hubiera dado lo que fuera por estar en mi lugar. Deseoso por lograr meter baza el chico pareció dispuesto a añadir algo. Justo en el momento en que con una brusca sacudida el autobús volvía a ponerse en marcha ante el alivio general.
-Bueno, parece que volvemos a estar en camino.- comenté con una mueca resignada. Que hizo sonreír a mi vecina de asiento.
- Si es verdad, ya se mueve.- comentó de inmediato el chaval. Segundos antes de que en efecto el autobús volviera a ponerse en marcha tras casi dos interminables minutos de inmovilidad. En los que para variar, había acabado poniéndome de los nervios.
-Menos mal ando justa de tiempo y me gusta ser puntual.- me confesó la chica en un susurro. Ignorando al chico.
-Si, yo también odio retrasarme.- asentí comprensiva. -Es la mía.- comente viendo acercarse mi parada. Asiendo el bolso eché un rápido vistazo a mí alrededor para asegurarme de que no me dejaba nada. -Bueno pues que le vaya bien con el trabajo.- le deseé a la muchacha, que asintió con gesto agradecido.
-Gracias y a usted con su cita.- respondió con una sonrisa traviesa.
-Se hará lo posible.- aseguré en tono resuelto -Quien sabe al igual a usted también se le presenta ocasión. - añadí en tono malicioso. Haciendo un leve gesto con la cabeza hacia nuestro Don Juan particular.
-Voy a estar muy ocupada.- aseguró ella de inmediato, tomando una revista que tenía en su regazo.
-Bueno solo era una posibilidad.- acepté con gesto resignado - Ha sido un placer. Que vaya bien.- me despedí mientras empezaba a levantarme.
-Lo mismo digo. E insisto, ruego que acepte mis disculpas.- perseveró la chica con una sonrisa.
-De acuerdo. Aunque yo a mi vez insisto en que no hay por que disculparse.- aseguré empezando a ir hacia la puerta que empezaba a abrirse. Segundos después ya en la acera, escapaba de milagro de ser arrollada por un apresurado individuo cargado con un sinfín de bolsas.
-¡Por Dios¡ Perdóneme- -¿Está usted bien?- se interesó solícito con expresión azorada.
-No es nada, tranquilo- acepté comprensiva indicándole que subiera. –Acelere no se entretenga. Este conductor no es de los que da el más mínimo respiro.- aseguré. Haciéndole esbozar una abierta sonrisa digna de anuncio.
-Gracias por avisar y perdone.- respondió apresuradamente metiéndose en el vehículo antes de que se cerrara la puerta.
-Adiós guapo.- comenté devolviéndole el saludo que me enviaba. Tras ir a sentarse precisamente en el lugar que yo acababa de dejar. Quien sabe tal vez después de todo la joven desconocida aun fuera a tener suerte esta tarde. Pensé dejándome llevar por esa vena romántica que todos parecemos tener un día como hoy.
La sintonía del móvil, que empezó a sonar en mi bolsillo. Borró por completo todos estos buenos pensamientos. Sustituyéndolos de golpe por un funesto presentimiento. Que cobró total certeza en cuanto descolgué con gesto resignado.
-No, no me lo digas, te surgió un imprevisto.- suspiré en tono abatido. En tanto que el profundo silencio al otro lado de la línea me confirmaba que efectivamente el había vuelto a hacerlo. Cumpliría con la norma, hoy también llegaría tarde.
-Lo siento cariño es una reunión de última hora.
-¡Joder¡ Vamos no fastidies, dijiste que podrías salir a las siete.- protesté sintiendo crecer mi enfado. No quería oír sus excusas. El había planeado que nos encontráramos antes, había sido idea suya, esta vez la decepción era doble. Pensé dominando el impulso de colgarle. -En fin pensé que habrías tenido en cuenta los imprevistos. Desde luego parecías muy convencido. A mí me pareció un poco extraño, incluso recuerdo haber bromeado al respecto. Pero tú dijiste que esta sería nuestra noche, así que quedamos en encontrarnos a las siete.- expuse en tono cínico poco dispuesta a dejarle ir así sin más. Si yo iba a tener que esperarle. No estaría de más que el tuviera que pensar en todo esto mientras se ocupaba de aquella dichosa reunión o lo que fuera. Si tenía un trabajo del que ocuparse tan bien tenía una relación a la que atender.
-Escucha gatita entiendo que estés furiosa pero..- empezó a decir en el tono suave al que recurría para mostrarse conciliador.
-No me llames gatita.- gruñí en tono cortante -Lo odio, no soy tu gatita.- añadí molesta lanzando una mirada desafiante a una muchacha que caminaba junto a mi y parecía haber estado escuchando. La chica apresuró el paso fingiendo indiferencia. Mientras Luis aprovechaba para intentar suavizar el asunto.
-¿Lo odias? ¿Desde cuando odias que te llame gatita?- inquirió desconcertado -Nunca me lo habías dicho, pensaba que te gustaba. No se, es un apelativo cariñoso.- prosiguió dubitativo como si mi protesta hubiera supuesto algún tipo de revelación extraordinaria.
-Si es que lo sabía. Esto solo me pasa a mí.- lamenté con resignación. Por un momento había llegado a sentir como una especie de culpabilidad. Como si acaso le hubiera estado ocultando algo importante y comprometedor. -Escucha para tu información gatita no ha sido nunca un apelativo que me apasione. Si bien tampoco es que me moleste, por lo que no le doy demasiada importancia. Pero si me lo llamas en plena discusión entonces sí. Lo odio.- zanjé deseosa de cambiar de asunto. El cabreo empezaba a ofuscarme y conociéndome temí acabar diciendo algo de lo que pudiera arrepentirme. Lo mejor sería dejarlo correr y no convertir aquello en algo realmente grave.
-Bueno esta bien. No le demos más vueltas, esperaré donde habíamos quedado. Por lo menos intenta que no se alargue demasiado.- concedí en un tono comedido y conciliador.
-Esa es mi chica.- dijo el atropelladamente. Tras lo que me pareció un suspiro de alivio.- Un beso.- se despidió. Colgando sin llegar a comprometerse a nada de lo que poder tenerse que arrepentir. En fin al menos habíamos capeado el conato de crisis. Pensé resignada llegando al lugar  de la cita. Para descubrir con fastidio que la chocolatería donde esperaba aguardar tomando algo caliente estaba cerrada.
-Maldita suerte.- mascullé contrariada. Leyendo el cartel que anunciaba el día de descanso del personal. Empezaba a hacer frío y no se veía otro bar por el alrededor. Una tarde redonda pensé, empezando a sentirme abatida. Mientras recorría con la mirada los alrededores. Portales de edificios, tiendas cerradas, la entrada de un parking. Una lavandería con cuya verja de cierre bregaba desesperada una chica, sin duda deseosa de cerrar. Entonces la vi. -Menos mal.- proclamé satisfecha apresurándome a cruzar la calle. La verdad es que no frecuentaba demasiado la zona pero aun así me extrañaba no recordar aquella librería. Hacia cuyo iluminado y acogedor escaparate me dirigí en busca de un refugio. Que en mi caso no podía ser más que doblemente idóneo. Pues siendo una lectora compulsiva que mejor lugar donde  resguardarse a esperar. Aprovechando sin duda para acabar comprando algún que otro ejemplar.
-Buenas tardes.- dije entrando decidida. Mientras lanzaba una mirada complacida a los repletos y pulcramente ordenados estantes que recubrían las paredes.
-Buenas tardes.- me respondieron al unísono la dependienta y un par de chicos a los que estaba envolviendo unos libros.

En mi caso los balances de mis estados de guerra emocionales. Podía decirse que resultaban tan positivos para mi biblioteca como negativos para mi economía. De hecho no sería la primera vez que cavaba atemperando mi estado de ánimo recorriendo una librería. Lugares de los que todo hay que decirlo nunca salía con las manos vacías. Esta vez la tentación me saltó pronto a los ojos en forma de un estuche recopilatorio sobre escritores rusos censurados en la época soviética. Que divise sobre una mesa con el prometedor rotulo de ediciones especiales. El estuche incluía media docena de ejemplares de diversos autores algunos de cuyos nombres captaron mi interés de inmediato. Bulgakov, Ajmantova, Maiakovski, Bábel. Así como un apéndice con el relato de las vicisitudes a las que hubieron de enfrentarse en su tiempo. Aquello era una joya comprobé momentáneamente extasiada. Una tentación tan apetecible como prohibitiva reconocí a mi pesar  tras echar una ojeada al precio.  
-Otra vez será- rumié por lo bajo. Echando mano de la necesaria dosis de sentido común que requería la ocasión. Vacaciones en la nieve, regalos de navidad, modelito para la fiesta de fin de año. Este año para mi economía la cuesta de Enero no iba a terminar por lo menos hasta mediados de Julio. Todo eso sin contar el regalo de Luis que llevaba en el bolso, un exclusivo cinturón Hermes que le iba a encantar. Por que claro esta, ya puestos hay que celebrar San Valentín.

miércoles, 25 de enero de 2012

Oficial y Confidencial, para uso exclusivo del Director

Hace un par de meses cotilleando en FilmAffinty me encontré con que Clint Eastwood tenía nueva película. Por lo que se decía en Internet, prometía ser un peliculón con un reparto de lujo. Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, Josh Lucas, Judi Dench, Dermot Mulroney, Lea Thompson, Michael Gladis. En fin una súper producción con una historia apasionante que contar. Nada más y nada menos que la vida de J.Edgar Hoover. El hombre quien durante décadas llevó la cuenta de los secretos y pecados de miles de personas influyentes. A las que no dudó en manipular a su conveniencia sin que nadie osara oponérsele. Reconozco que desde que leí una concienzuda biografía sobre el, Hoover es uno de mis personajes históricos predilectos. Así que al enterarme de lo de la película me propuse publicar un post hablando del tema. Pero como soy un caso entre el trabajo, la pereza y demás, pues eso que por poco se estrena la película y el post se queda en el olvido. Permitidme pues que aunque con el tiempo muy apurado presente mi propio expediente sobre J.Edgar Hoover.

--------------------------  Oficial y Confidencial     --------------------------------

                                  

En 1919 cuando  Mitchell Palmer el nuevo y ambicioso ministro de justicia llegó al cargo.  El auge que empezaban a tener el país de las asociaciones socialistas e izquierdistas alentadas por el triunfo de la revolución rusa y las reivindicaciones de los movimientos obreros de toda Europa. Se consideraban elementos desestabilizadores a los que había que poner freno de inmediato. Tras algunas recomendaciones Palmer acabó contratando a un joven Edgar como ayudante especial para ocuparse de controlar aquel problema.  Pronto demostró de lo que era capaz. En su primera gran operación contra la amenaza roja medio millón de personas fueron fichadas y se abrieron  60.000 expedientes. Lo que permitió tener una idea clara de cómo infiltrar, debilitar y atacar a innumerables asociaciones y personas cuyas actividades fueron consideradas subversivas. Para cuando finalmente los defensores de los derechos civiles consiguieron echar el freno a esta primera caza de brujas. Edgar había llegado a perfeccionar ampliamente un sistema y una doctrina de la que seguiría sirviendo se el resto de su vida. Sus métodos fueron muy criticados pero tras muchas protestas y revuelo, consiguió salir indemne del escándalo. Finalmente resultó que cuando por momentos temió perder su trabajo. Se encontró con que de pronto le ofrecieron uno mucho mejor. El trabajo al que consagraría su vida.
Parece ser que cuando en 1924 un nuevo ministro de justicia decidió nombrar a Hoover como director del FBI. Se apresuró a dejarle muy claro que el nombramiento tenía carácter puramente provisional. La institución por entonces estaba muy cuestionada, a causa de su ineficacia ante el crimen y los casos de corrupción que afectaban a la organización. El nombramiento de Edgar era pues un parche de urgencia, un intento de centrar la atención del público y la prensa en una cara nueva. Mientras se decidía que hacer definitivamente con  la agencia. Pero desde el momento en que Hoover tomó las riendas lo hizo con la plena convicción de no moverse del puesto. Obviamente se salió con la suya.
Al fallecer el 2 de mayo de 1972 tras casi cincuenta años en el cargo J.Edgar Hoover seguía siendo el todo poderoso director del FBI. Los ocho presidentes habían pasado por la casa blanca durante aquellos años. Habían visto impotentes como sus respectivas administraciones vivían bajo la “tutela” de un personaje oscuro e intrigante, cuyo poder con los años no había parado de crecer. Y ante quienes los sucesivos gobiernos se habían tenido que plegar incapaces de asumir el riesgo de enfrentarle. Un hombre a quien millones de conciudadanos tenían como el más destacado referente de lo que tenía que ser el espíritu americano. Trabajador incansable y concienzudo, de moralidad intachable, respetuoso defensor de las tradiciones norteamericanas. Que desde su puesto velaba tenazmente por la seguridad del país y sus ciudadanos. Ante cualquier tipo de enemigo o amenaza interna o externa. Todos estos años Hoover había sido la indiscutible figura de referencia para los norteamericanos. Así pues miles de ellos acudieron a rendirle su último homenaje y presentarle sus respetos. En una fastuosa capilla ardiente instalada en el Capitolio, sobre el mismo catafalco usado en el funeral de Lincold. Un funeral de estado para despedir a un abnegado y venerado servidor publico.

La realidad en cambio era muy distinta. Tras acceder al cargo, Edgar se encontró realmente ante una situación muy comprometida. Con el país sumido en la depresión la corrupción dentro y fuera de las instituciones campaba a sus anchas. Por no hablar del lado más visible de la delincuencia. Encarnado por una serie de peligrosos y sangrientos delincuentes que parecían recorrer el país a sus anchas como en los tiempos de los cowboys. John Dillinger, Ametralladora Kelly, Babe Face Nelson, Pretty Boy Floyd, Ma Barker.
Constantemente los periódicos estaban llenos de noticias sobre sus sangrientas correrías. Alentando la desconfianza de los ciudadanos respecto a la capacidad de las fuerzas del orden para solucionar toda aquella locura. Hoover tuvo claro desde el principio que precisamente aquella situación era a la vez su principal problema y su mejor oportunidad. Lo primero fue acometer una contundente reorganización de la agencia. Todo aquel sospechoso de ser corrupto o de tener “conducta impropia” fue fulminantemente despedido. El nuevo FBI estaría provisto de agentes honrados, leales y especializados en las últimas técnicas de investigación. Los ideales de la institución y de sus agentes debían ser un referente para los ciudadanos a los que servían. Ese fue el mensaje que a través de la prensa Edgar se empeño en hacer llegar al público. Mediante una cuidadosa campaña de relaciones publicas. Para la que supo aprovechar los éxitos que poco a poco sus agentes empezaron a cosechar. Unos éxitos convenientemente publicitados con bombo y platillo.  Para cuya consecución, sin embargo, no se dudo en recurrir a todo tipo de reprobables artimañas, abusos y mentiras. Sin duda el fin justifica los medios debió de pensar Edgar. Que tras ganar la “guerra” a los gánsters y reflotar la imagen del FBI. Se encontró en una posición inmejorable para hacer y deshacer a su antojo. Sabía perfectamente de la importancia de controlar la imagen y la información. Así que se preocupo de difundir ampliamente su empeño y esfuerzo personal en la modernización de la agencia y los logros que ello suponían. Implantó la tecnología de recogida y archivo de huellas, la vigilancia mediante escuchas, los equipos y protocolos de investigación forense. Edgar tenía vía libre podía hacer prácticamente lo que quisiera. De hecho entre 1924 y 1971 ninguna administración realizó ni una sola auditoria sobre el presupuesto del FBI.
Tras acabar con los gansters, llegarían los infiltrados nazis, los agitadores sociales y por supuesto la gravísima amenaza comunista y su deseo de acabar con el estilo de vida norteamericano. Un enemigo retorcido e invisible que se convirtió en la autentica piedra filosofal de la doctrina Hoover. El creciente y desafiante poder de los ¨Rojos”.  Empezaba a calar en partes de la sociedad norteamericana a la que pronto hubo de empezar a proteger y concienciar de este nuevo peligro. Los rojos estaban siempre al acecho siempre intrigando para debilitar y corromper Norteamérica aseguraban la prensa y los políticos. Pero desde el principio a los americanos se les empezó a vender la idea de que nada parecía poder escapar al control de los agentes del FBI y de su Director. Que controlaba escrupulosamente cuanto sucedía. No podían ni imaginar cuan real era aquella afirmación. O más concretamente cuan real era ese control sobre todo aquello que verdaderamente interesaba al Director.

Pues la historia de J.Edgar Hoover es la historia de sus expedientes clasificados como Oficial y Confidencial. Un enorme archivo sobre las historias y trapos sucios de miles de personas que a lo largo de décadas captaron la atención de Edgar por uno u otra razón. Siempre se ha dicho que la información es poder. Edgar sin duda llevó esta afirmación a su máxima expresión.
Ningún presidente, administración, político, empresario, artista, institución, nada que pudiera resultar importante escapaba al concienzudo escrutinio del FBI de Hoover. Que mientras se ocupaba de pregonar sobre su defensa de los valores y el estilo de vida americano. Mantuvo a sus agentes  muy ocupados recopilando todo tipo de información -cuanto más escabrosa mejor- sobre todo y sobre todos. Deforma que no paso mucho tiempo antes de que cualquier persona, independientemente de su condición o del cargo que ocupara. No tuviera muy claro que sus más inconfesables secretos estaban seguramente en posesión del taimado Director. Que supo sacar partido de las debilidades humanas. Desviaciones sexuales, infidelidades, fraude fiscal, problemas con la bebida, consumo de drogas o por descontado unas inapropiadas simpatías izquierdistas. Podían acabar con la vida de cualquiera que osara cruzarse en el camino del señor Hoover. O simplemente no accediera a plegarse a sus deseos.

Mediante el descrédito, la calumnia, o directamente el chantaje. Compró voluntades, acalló voces y manipulo a su antojo sin la menor vacilación. Pisoteando tanto a los derechos civiles las leyes o a personajes e instituciones. Presidentes como Roosevelt, Truman, Kennedy, Johnson o Nixon que llegaron a plantearse seriamente el relevarle de su cargo al verse abiertamente desafiados. Terminaron reculando  a la hora de enfrentarse a un enemigo tan poderoso. Los expedientes eran la espada de Damocles de la que Edgar no dudo en servirse siempre que le resultó necesario. Paradójicamente sus propias debilidades no distaban mucho de a aquellos a los que chantajeó.

Las relaciones de Hoover con su madre no fueron nunca fáciles y se cree que esto pudo influir en sus relaciones con el sexo opuesto. Podría decirse que Helen Gandy, su fiel secretaria durante cincuenta y tres años. Fue probablemente la mujer que más cerca estuvo de el. En una insólita entrevista concedida a mediados de los cincuenta Edgar hizo alusión a que el amor siempre se había mostrado esquivo con el. Dejando entre ver que en una ocasión le habían partido el corazón. Esta especie de extraña confesión podría tener su origen en la historia de Alice. Una muchacha a la que según Gandy, Edgar estuvo apunto de pedir matrimonio en 1918. Pero que le dejó para casarse con otro hombre. Estos escasos detalles son prácticamente lo único que trascendió de sus relaciones personales. Durante algún tiempo empezó a dejarse ver en compañía de Lela Rogers -madre de Ginger Rogers- incluso se especulo con una posible boda. Aun que finalmente todo quedo en un rumor. Se le atribuye también una buena amistad con Dorothy Lamur. La única mujer por la que en opinión de algunos, Edgar llegó a mostrar cierta consideración.



En 1928 Clyde Tolson ingresó en el FBI en tan solo tres años ascendió a uno de los puestos de subdirector. En donde bajo la tutela de Edgar permanecería hasta 1971. El verano de 1937 con motivo del vigésimo aniversario de Edgar en el Departamento de Justicia. Tubo lugar una pequeña fiesta en la que entre otras cosas le regalaron la insignia numero uno del FBI en oro puro. Para celebrarlo Edgar y Clyde vestidos con trajes color crema y sumergidos en un mar de flores. Inmortalizaron el momento, con una foto que para muchos hubiera sido como la confirmación de lo en aquel entonces en muchos círculos de poder de la capital era un secreto a voces. Del que jamás nadie se atrevió a hablar abiertamente pese a la evidencia.  Edgar y Clyde eran amantes y cinco noches a la semana durante más de cuarenta años cenarían en el restaurante Harvey. A excepción de los periodos de vacaciones. Cuando por lo general se escapaban al  sur de California. Habían empezado a veranear allí a mediados de los años treinta. Pero cuando en la década de los cincuenta cuando su amigo el millonario tejano Clint Murchinson. Adquirió el exclusivo hotel Del Charro en La Jolla Edgar y Clyde se convirtieron en clientes preferenciales. Que disfrutaban de un lujoso y bungalow a 700 dólares la noche pero que en su caso corría por cuenta de la casa. En Del Charro Edgar coincidía con Lewis Rosenstiel otro amigo multimillonario. Quien aparte de asegurarle buenos “soplos” de primera mano para apostar en las carreras de los hipódromos cercanos. Al parecer también empezó a ocuparse de organizarle a Edgar encuentros con jovencitos. Cuando su relación con Clyde empezó a atravesar crisis frecuentes. 
Tal vez fuera durante una de estas crisis cuando en la primavera de 1958. Tuvo lugar un episodio que la mujer de Rosenstiel relataría años después. Según parece todo ocurrió una tarde cuando en compañía de su marido fue a una suite del hotel plaza donde se estaba celebrando una fastuosa orgía.  Una orgía en la que para su sorpresa se encontró con el mismísimo Edgar ataviado con ropa de mujer.

                             

Todo apunta a que la homosexualidad y su relación con Clyde era precisamente el punto débil de Edgar que explotaron aquellos a quienes jamás se atrevió verdaderamente a acosar. La Nochevieja de 1936 tras una lujosa cena en el Store Club Edgar y Clyde fueron sorprendidos en actitud comprometida por diferentes personas. Nadie difundió nunca lo que ocurrió  pero el Store era un local controlado por la Mafia. Una organización a la que el poderoso FBI de Hoover  jamás reconocería como tal y con la que a excepción de puntuales encontronazos. Incluso llegó a colaborar en diferentes momentos. Con el paso de los años diferentes testimonios y actitudes de jefes mafiosos. Darían a entender  que en esta especie de entente cordial entre Edgar y las familias aquella noche del Store tenía mucho que ver. ¿El chantajista, chantajeado? O tal vez sería mejor decir el chantajista ganado para la causa. No en vano el propio Rosenstiel había sido colaborador directo del mismísimo Meyer Lansky otro genio indiscutible de la manipulación.

Así pues J.Edgar Hoover máximo exponente de los principios y valores de la sociedad norteamericana. También tenía su propia y abultada ración de secretos inconfesables. Muchos de los cuales se me quedan ahora en el tintero. Su patente racismo y ultraderechismo, las disputas con los Kennedy y su actuación en el asesinato presidencial, los trapìcheos con  McCarthy, el asesinato de Luther King, la chapuza de los Rosenberg.  Pero es que este post me va a quedar kilométrico. Eso si espero que sirva para haceros una idea de lo que en teoría podéis encontrar en la película.

Que yo sepa a excepción  una breve secuencia de Nixon, la película de Oliver Stone en la que el personaje de Edgar besa a un camarero. La figura del Director del FBI nunca se ha puesto abiertamente en entredicho en la gran pantalla.
DiCaprio quien en El Aviador, ya se atrevió a meterse en la piel de Hooward Hughes y que ya prepara una película sobre Sinatra. -Con lo que completará un trío de los personajes a la vez más influyentes, oscuros y relevantes de la historia de los Estados Unidos.- Dará vida a uno –si no el que más- de los grandes manipuladores de la historia.
Aun después de su muerte, la figura de Hoover permaneció durante años intocable. Como si el temor a que el poder del sempiterno Director del FBI pudiera caer sobre cualquiera que se arriesgara a hurgar en su historia. Se atreverá el gran Eastwood a desafiarle. Quien sabe, la verdad es que por su edad no sería de extrañar que en alguna parte exista un expediente con su nombre. En el que aparezca algún pecadillo de juventud, cuando empezaba en esto del cine. Un expediente por supuesto clasificado Oficial y Confidencial para uso exclusivo del Director.


martes, 3 de enero de 2012

Ebenezer

Antes de fiestas desde su pequeño oasis Layna nos propuso a unos cuantos que habláramos un poco de lo que nos suponía la Navidad. Ante la previsible desbandada de blogeros con motivo de las fiestas. La idea era animarnos a elaborar algunos post sobre nuestro modo de ver la Navidad. Mantendríamos animada la bloggosfera contando lo que más nos gusta de este periodo y lo que no.
La propuesta de Layna y el post que la acompañaba estaba muy bien. En cuanto a que animaba a tomar parte publicando y comentando. Pero en mi caso presentaba dos grandes inconvenientes. El primero es que mi trabajo iba a mantenerme ocupado todas las fiestas y por lo tanto al margen del blog y de la bloggosfera. –Ya veis lo que he tardado en publicar el post – El segundo inconveniente era el tema de la propuesta en si.  Carezco de espíritu navideño, así que enumerar TRES cosas por las que las navidades me parecen especiales. Resulta una tarea tan complicada, como sencilla la de encontrar tres docenas de razones para que no me gusten. Con decir, que el primer personaje “navideño” que me viene a la mente cuando me preguntan por la navidad, es Ebenezer Scrooge. El avaro protagonista que Dickens  creó para su Cuento de Navidad.

Es precisamente pensar en Scrooge, y en el último post que leí al visitar a Abril y su apartamento en Paris. Lo que me hizo reflexionar sobre las historias navideñas seguramente lo único que no me desagrada del tema. Esos dramas con final feliz, ambientados en el periodo navideño con toda su parafernalia. La literatura y el cine han sabido sacar partido al tema y dejando a parte los empalagosos dramones  lacrimógenos. Hay toda una serie de grandes películas “navideñas” que valen la pena. Seguro que todos recordáis un puñado de buenas historias al respecto. Por supuesto convenientemente aderezadas con las canciones  apropiadas.

Las historias ficticias son pues para mí lo único salvable de la Navidad. Tal vez por eso el día uno, tras salir de trabajar y reunirme con mi mujer. De lo único que tenía ganas era de llegar a casa ponerme cómodo y arrellanarme tranquilamente en el sofá. Tocó sesión doble de cine y aunque juro que no lo hicimos a propósito  acabamos viendo dos películas ¨navideñas¨.  
La primera, Los Amigos de Meter, es una comedia británica que me dejó un amigo hace unos días. Fue producida en los noventa y no la conocíamos, la verdad es que nos gustó. A petición de mi mujer después le tocó el turno a Love Actually con lo que supongo que  pusimos el broche final a las fiestas. Aún queda el fin de semana de Reyes, pero la Navidad se acabó, prueba superada. Feliz año a todos.


 

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿Ucronía?

Era inútil, no había manera de concentrarse.  Pensó cerrando la carpeta y dejando a un lado el tedioso informe sobre perspectivas de producción agrícola. Apenas si lo había estado releyendo entre líneas. Pero había empezando a darle dolor de cabeza. Comprobó con fastidio volviéndose para clavar una penetrante mirada en  su secretario. Que se revolvió inquieto antes de anticiparse a la pregunta.
-Lo siento señor pero de momento en su oficina dicen que sigue en la reunión. De hecho parece que se esta alargando más de la cuenta. Están tratando de cuadrar la agenda y nos han asegurado que se pondrá en contacto lo antes posible.- informó en tono dubitativo. Temiendo la consiguiente reacción.
-Merde¡¡- masculló el. Con un gruñido furioso que resonó como un tiro en la quietud del despacho. Haciendo encogerse al temeroso secretario.
Cuadrar la agenda¡¡  Reuniones¡¡  Mon Dieu y que se suponía que estaba haciendo el, disfrutar de una vacaciones en Saint Tropez. Maldijo para si soltando un bufido y empezando a juguetear nerviosamente con una hermosa estilográfica Montblanc. Que terminó por escapársele de las manos para caer sobre la alfombra. De donde el secretario se apresuró a recogerla con inusitada presteza. A la que el no prestó la más mínima atención. Había vuelto a abstraerse en sus pensamientos.

En que demonios estaba pensando Lagarde. Sabía muy bien que el quería hablar con ella antes de encontrarse con la teutona. Necesitaba confirmar que sus opiniones iban a presentar un frente común. No quería encontrarse con que tras aguantar el chaparrón de protestas de la fraülein, para acordar una estrategia. Resulta que la presidenta del Fondo Monetario Internacional le salía  con otra declaración en contra. La economía, los mercados, los inversores, la deuda,  ella sabía que había demasiadas cosas en juego. Como para ahora tenerle bloqueado por culpa de una estúpida reunión. Sobre asignación y control de fondos en los planes de ayuda al desarrollo para África central. Con la que estaba cayendo y a la señora le daba por plantearse como ponerse a regalar dinero. Menuda gilipollez, a estas alturas Lagarde ya tendría que tener bien claro cuales debían de ser sus prioridades. El había puesto mucho de su parte para conseguir auparla al cargo. Algo que no resultó nada fácil tras el  espectáculo de vodevil organizado por Strauss Kahn. Odiaba haber tenido que ir negociando favores. De unos socios europeos a los que les encantó verle rebajarse. Todo ello mientras le iban soltando bromitas sobre el embrollo formado por el condenado Dominique. E insinuaciones más o menos veladas, de lo bien que le iba a venir a el, dejar fuera a un posible rival a las elecciones presidenciales. Como si con el historial de picha brava que atesoraba aquel salido de Strauss Kahn, hubiera sido necesario incitarle a algo. Conseguir los respaldos necesarios para mantener en el sillón a una francesa. Había salido por un cojón de canard. Desde luego que ella había sabido jugar excepcionalmente bien sus cartas. Apoyándose hábilmente en sus numerosos contactos norteamericanos. A los que ahora parecía dispuesta a devolver el favor, antes que al presidente de su propio país. Para que luego te vengan hablando de favores y lealtades, menudas milongas. Había que ver que humos empezó a traerse Madame en cuanto probó las bondades del cargo. Con todo el mundo dispuesto a hacerle la pelota. Poder para hablar casi sin tapujos y los reconocimientos propios del jefe de estado de una potencia económica. El poder te da ínfulas de superioridad, bien  que lo sabía el. Uno puede pretender aparentar que sigue siendo el mismo que antes de asumir el cargo. Pero los buenas intenciones duran bien poco y Lagarde no era excepción.  Bastaba ver ese gesto de superioridad que había empezado a adoptar en las comparecencias. Por no hablar de la imagen, con que de pronto se había presentado aquel verano. Aquella melena cana enmarcando un rostro de cutis… bronceado¡¡¡. Con Grecia apunto de ahogarse la economía hecha unos zorros y ella luciendo bronceado. Pero un momento. ¿Era aquello un bronceado? Por que la verdad es que parecía más bien, algún tipo de accidente con los rayos uva. Mon Dieu era como si alguien hubiera encargado una presidenta del FMI bien dorada y crujiente. Que demonios le pasaba ahora a aquella mujer. Allí estaba el, a apenas media hora de batirse el cobre. Frente a una Canciller con las ganas de bronca de un estibador de Hamburgo, tras un tuno doble de trabajo. Haciendo cola a la espera de que Doña FMI se dignara a atenderle. Para diseñar una estrategia con común la que sacar adelante la economía europea. Era de locos, resopló ofuscado levantándose de golpe y empezando a dar vueltas por el despacho. Mientras de un salto el secretario se hacia a un lado. Pegándose a la pared en un intento de convertirse en un cuadro más.

-¿Cuánto les falta para llegar?- inquirió finalmente en tono imperioso.  
-Veinte minutos- balbuceó el secretario.
-¿Todo listo? El protocolo de siempre.- comentó. Yendo a servirse un baso de agua sentía la garganta seca.
-Así es señor presidente. Saldrá a recibirla, fotos para la presa, sin preguntas. Nuestra delegación aguardará en le salón.-
-Si claro la prensa, como no.- asintió el con desgana tomando un largo trago.
En más de una ocasión había oído decir aquello de que las dos cosas que la gente nunca debería ver como se hacen, eran la política y las salchichas. Pero en la era de la información. Resulta simplemente imposible evitar dar un paso sin estar bajo el escrutinio de las cámaras. Las tertulias políticas y económicas proliferaban sin cesar. Una reunión como la que iban a tener dentro de unos minutos sería profusamente analizada de inmediato. Y en especial su figura que no solía salir muy bien parada de estos análisis. Hacía unas semanas en una de estas tertulias uno de los invitados empezó a referirse a el y a la Merkel como Merkozy el expresión inventada por los periodistas uniendo sus nombres. Para hacer referencia a la unidad de acción y el entendimiento del que ambos llevaban meses haciendo gala. –En efecto hablan con una sola voz y un mismo discurso. Pero no cabe duda que las palabras e ideas que se exponen son las de Merkel.- había apuntado de inmediato otro de los contertulios. –Monseur le Président esta demostrando ser un alumno muy aplicado. Para que luego digan que no escucha las opiniones de otros.- remachó en tono cínico.  Provocando un estallido de hilaridad general. Sin duda que hoy toda aquella panda estaría esperando la ocasión de volver a la carga. Haciéndole quedar como un simple correveidile de la Canciller. No obstante para esta reunión, el y su equipo habían estado preparando unas cuantas iniciativas que tratar con la delegación alemana. No es que se tratara de propuestas revolucionarias ni mucho menos. Pero si de una serie de prometedores ajustes y replanteamientos sobre las medidas de las que se venía negociando en el último mes y medio. No sería fácil conseguir que la Canciller le respaldara así como así. Especialmente en el tema de los Eurobonos o la refinanciación de las deudas soberanas, pero existían formulas sobre las que negociar salidas a todo esto. De ahí que le hubiera venido bien  conocer de antemano la disposición de Lagarde a secundarle. Pero Madame seguía perdida en el corazón de África.

Otra patada más para su futura úlcera. Rumió contrariado apurando el vaso de agua. Acababa de recordar algo de lo que había tomado nota mentalmente. Cuando esta mañana le presentaron al nuevo capitán de la guardia de corazeros. Con lo liada que había estado la maña, decidió dejarlo. Pero ahora podía ocuparse, no fuera a pasársele. Aquel tipo podía ser muy simpático y hasta buen oficial. Pero… le gustaría saber a que lumbrera se le había ocurrido elegir para el puesto. A un tipo que bien podía estar jugando de pívot en la selección de baloncesto. Solo imaginarse a su lado en el acto protocolario de pasar revista a la guardia. Mientras acompañaban al jefe de estado de turno en vista oficial. Le resultaba de lo más deprimente. Con el cachondeo que periódicamente se traía la prensa a cuenta de que usara alzas. Mientras Carla se presentaba con zapato plano o de tacón bajo. O de que la altura media de sus escoltas hubiera menguado… Como para ponerse a tiro de las cámaras. Caminando junto a una especie de mister universo enfundado en el traje de gala de los corazeros. Si hombre, iba a parecer su llavero. Vamos es que ni hato de Burdeos. Habría que sacarle de en medio. Se dijo chasqueando los dedos y encarando al secretario con gesto decidido. -Otra cosa. Ese capitán, el de esta maña, el corazero.
-El capitán Rocher.- apuntó el secretario.
-Eso Rocher- farfulló el con fastidio. Será posible¡¡ El condenado tenía hasta nombre de marca. –Pues eso, a Rocher que le busquen un buen destino en alguna otra parte.- ordenó.
-Perdón- dudó el secretario, que hoy parecía andar un tanto espeso.
-Un destino, no creó que de el perfil adecuado para un cargo puramente protocolario. Seguro que su valía será de provecho en una unidad más activa.
-Pero fue escogido entre una docena de las solicitudes mejor cualificadas.- objetó el secretario. Ganándose una mirada asesina que por fin pareció sacarle de su inopia. –Huy perdón señor seguro que podemos encontrar un destino como el que sugiere. Lo siento.- corrigió atropelladamente.
-Perfecto.- bufó el. Conteniendo las ganas de destinar al secretario a una marisma perdida de la Guayana.  Mientras el teléfono empezaba a sonar.

Era su línea privada comprobó con un gruñido. Hoy no necesitaba ningún contratiempo en el frente domestico. Aun que por suerte el embarazo había ido como la seda. Tras el parto, algunos días Carla parecía un tanto melancólica. ¿Síndrome del nido vacío? A saber, ella era una mujer acostumbrada a una actividad frenética. En fin, seguro que pronto estaría de nuevo metida en un montón de proyectos. Pensó resignado. Volviendo a sentarse y lanzando una mirada al secretario que se apresuró a abandonar el despacho.
-Oui – inquirió sin mucho énfasis descolgando el teléfono.
-Humm. Estas enfadado, lo noto.- adivinó ella al instante -¿No querías hablar conmigo?- añadió en  un meloso tono contrito.
-Mon Deiu, mon amour como se te ocurre. Siempre me encanta recibir tus llamadas son como un regalo. Es solo que los fritz están apunto de llegar. Ya sabes lo estresante que es todo esto.- objeto conciliador. – No sabes las ganas que tengo de tener algunos días más relajados para poder dedicarte algo de tiempo.- aseguró con un suspiro.- Pero antes he de vérmelas con Frau Merkel.- 
-Animo cheri ya veras como no es para tanto. Al fin y al cabo ambos buscáis un mismo fin. Encontrar la mejor forma de solucionar todo esto.-
Habían llegado, tocaba ponerse en marcha. Comprendió en cuanto el secretario asomó la cabeza.
-Si tienes razón.- aceptó resignado-  Gracias por llamar y darme ánimos. Ahora tengo que dejarte, estan al llegar-
-Chiao Caro. Saluda a Angie de mi parte.-
-Si claro.- respondió desconcertado. Angie!!! Mon Dieu recordaba haberlas presentado ¿Pero desde cuando la Merkel había pasado a convertirse en Angie?

El ambiente allí era frió y desapacible. Muy acorde con toda aquella situación. Pensó saliendo a la puerta, mientras el primer coche de la comitiva entraba en la plazoleta. Primero tocaba actuar un poco de cara a la prensa para las fotos de turno. Suspiró para si, intentando esbozar una sonrisa lo más distendida posible mientras se adelantaba para recibir a la Canciller. Que acababa de salir del coche.
 -Bienvenida, que tal estas.- preguntó cortésmente. Mientras ambos daban paso a la estudiada coreografía de rigor sonrisas, gesto relajado, un leve apretón de manos, dos besos. ¿Un momento era aquello perfume?  Pensó sorprendido, enarcando levemente las cejas. Al captar una suave fragancia que le resultó vagamente familiar.
-¿Le gusta? Es el perfume que me regaló su mujer.- le susurró ella con gesto de complicidad. Interpretando su sorpresa. –La verdad es que es estoy encantada con el. Su esposa tiene un gusto exquisito.- confeso satisfecha.
-Gracias- respondió el totalmente descolocado. Cediéndole el paso para que entrara, después de que los fotógrafos lanzaba su última andanada de fotos.

-¿Y que tal la niña? ¿Es Giulia, verdad?- se interesó ella amablemente. Mientras avanzaban por el pasillo. Seguidos por un sequito que avanzaba con impecable marcialidad.
-Si, si Giulia y esta muy bien es un ángel.- respondió el satisfecho. Antes de que ella se parara en seco.
-Mein Gott- masculló contrariada. Llevándose la mano a la frente, obviamente había recordado algo. Adivinó el, viéndola girar en redondo para encarar a su delegación, cuyas filas barrió con la mirada. Antes de formular una pregunta que sacudió la formación como si un certero cañonazo la hubiera alcanzado de lleno. Sembrando un repentino e incomodo desconcierto. Mientras al parecer, la Canciller empezaba a protestar y a lanzar ordenes en alemán. Alguien había metido la pata. Creyó intuir sorprendido, mientras hacía un gesto a su traductor para que se mantuviera al margen. No le necesitaba, parecía evidente que todo el revuelo no era por algo “oficial”. Así que prefería hacer su propia interpretación de los hechos. A parte de que seguramente era mucho más divertida. Parecía que se había montado una buena y para acabarlo de arreglar. Acostumbrados como están a su impecable rigidez prusiana. Los kartoffen improvisan fatal cuando como era el caso, se les pilla en un renuncio. Claro que tener a la Canciller mascullando maldiciones y reniegos propias de un sargento de infantería prusiana. Pues como que debe de acojonar lo suyo. Una vez alguien le había dicho que no sabes lo que es que te  insulten hasta que no lo hacen en alemán. Pero fueran o no con tacos, con lo que en ese momento Frau Merkel fustigaba a sus edecanes. El caso es que los estaba poniendo a todos de vuelta y media. Mon Dieu que genio, que mujer. Suspiro admirado. Viendo salir disparado hacia la puerta a uno de los secretarios. Mientras ella se volvía hacia el sin dejar de protestar. Como lamentándose por el contratiempo. Seguía hablando alemán, y el no pillaba ni papa –aun que asintió con gesto comprensivo- por su expresión. Bien podía estar rematado todo el ¨sarao¨ con la consabida reflexión. –Ya ve usted esto es un desastre, tengo que estar en todo. Me cago en ¨tó¨ lo que se menea.- Si, seguro que “grosso modo” por ahí iban los tiros.
Todo se solucionó en un par de minutos. Resultó que un secretario había olvidado en el coche. Unos regalos que la Canciller había querido traer para Carla y Giulia. Alucinado el los aceptó encantado asegurándole que a ambas les encantaría el detalle. Decididamente tendría que hablar con Carla sobre toda aquella familiaridad. Mon Dieu Cuando la Merkel se ponía en plan tan entrañable el no sabía a que atenerse.

En el salón todo estaba dispuesto y tras los saludos de rigor ambas delegaciones empezaron a sentarse a la mesa. El permaneció de pie a la espera de que ella se sentara. Tras el incidente del pasillo ella había vuelto a sonreír. Pero ahora de pie junto a su silla recorrió la mesa con la mirada mientras se hacía el silencio. Todos la miraron expectantes era aviente que ella quería ser la primera en tomar la palabra. Y desde luego que lo hizo. Cuando se lanzó a hablar el traductor se las vio negras para seguirle el ritmo.

No habían venido para empezar a perder el tiempo con negociaciones absurdas y demás parafernalia. –Proclamó así de plano sin anestesia- Todo aquel circo llevaba ya demasiado tiempo en marcha. Era el momento pues de arremangarse y ponerse manos a la obra sin tantos miramientos. Europa necesitaba que se pusieran las pilas si o si. Se acabaron las contemplaciones, de esta no pasaba, esto tenía que quedar zanjado. A Durao, Van Ronpuy, Draghi que le den por culen. Nos deben sus puestos, así que no quieran ahora venir jodiendo la marrana. Tragaran lo que decidamos y punto en boca. En cuanto al resto Eurobonos, ampliación del fondo de rescate, compra directa de deuda y demás zarandajas. NEIN, NEIN, NEIN, NEIN Por supuesto que los ingleses seguirían yendo por libre, menuda es esa gente. Pero las economías periféricas podían irse preparando por que les iban a poner un examen para cagarse por la pata abajo. Vamos ni la lista de los reyes godos recitada de carrerilla y en orden inverso. A ver si de una puñetera vez  les queda claro que no se puede ir por ahí dándoselas de potencia económica. A base de firmar cheques sin fondos y de camuflar las deudas bajo la alfombra. Esta muy bien eso de ser europeos, pero antes tienen que de mostrar que pueden serlo. Así que al lío. Menos samba e mais trabalhar. -¿Estamos?- 

martes, 6 de diciembre de 2011

Tres reseñas y una leyenda urbana

Como ya conté en mi post anterior, el resfriado que casi me fastidió las vacaciones dejándome para el arrastre.  Me dio al menos la ocasión de ver una buena ración de películas. Algunas de las  cuales se me habían pasado totalmente en el momento de su estreno. O directamente ni siquiera sabía nada de ellas Por lo que resultó una grata sorpresa poder disfrutarlas. Y otras de esas que periódicamente acabas volviendo a ver. Mientras pensaba en como elaborar esta reseña he caído en la cuenta de algunas estaban relacionadas por la temática judicial. Así que he decidido comentarlas en un mismo grupo.

La primera Caza a la espía interpretada por Naomi Watts  y  Sean Penn. Esta basada en un caso real ocurrido en el 2003. Cuando ya metidos en la guerra de Afganistán, los Estados Unidos se preparaban para lanzarse sobre Irak de Sadam Hussein.  Un polémico artículo escrito por un ex embajador y aparecido en el New York Times. Acusa a la administración Bush de haber manipulado a la Agencia Central de Inteligencia con respecto a la existencia de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Sadam, para poder así justificar la invasión de Irak. Las oscuras maniobras llevadas a cabo por miembros de la administración y sus medios afines. Para desacreditar el articulo y a su autor. Alcanzaron su máxima virulencia cuando miembros de la Casa Blanca llegaron a filtrar la verdadera identidad de Valerie Plame. Agente encubierta de la CIA, esposa del ex embajador y autor de tan incomodo articulo. La historia del  bochornoso escándalo que terminaría con la destitución de una serie de altos funcionarios. Nos muestra las tremendas presiones y manipulaciones que la administración Bush llegó a realizar para conseguir sus objetivos.


 The Lincoln  Lawyer. (El inocente)  -En fin ya sabéis cosas de la traducción- Es una más que acertada adaptación de una novela de Michael Connelly. -Quien al parecer declaró haber quedado encantado con la película.- Que nos cuenta las andanzas de Mickey Haller (Matthew McConaughey). Un taimado abogado especializado en defender a criminales de medio pelo. Que recorre los bajos fondos de Los Ángeles en un antiguo Lincoln conducido por un chofer negro. Acostumbrado a defender a delincuentes habituales. La posibilidad de tener que defender en un caso importante a alguien que a todas luces parece inocente. Es una oportunidad  totalmente nueva para Haller. Un thriller bien hilvanado que me gustó. Aunque se trata de una adaptación el papel del abogado parece realmente escrito para McConaughey.



Por último Mi primo Vinny. Una comedia que aún conservo en formato VHS, y que  sin ser nada del otro jueves. La verdad es que resulta entretenida, por lo que no me resisto a verla cada cierto tiempo. Para defender a dos despistados neoyorquinos erróneamente acusados de asesinato.  Vincent Laguardia Gambini (Joe Pesci) un abogado novato tendrá que recurrir a todo su ingenio. Mientras sobrevive a un montón de peripecias y al escrutinio de un juez especialmente quisquilloso. Acompañado por Marisa Tomei una actriz recién salida del mundo de la televisión. -A quien también encontraremos en The Lincoln  Lawyer-  La película, una sencilla trama que muestra diversas inconsistencias en su desarrollo. No habría pasado de ser la típica comedia sin historia. Que tras su paso por las salas de cine, desaparece sin pena de ni gloria. De no ser, por su inesperada irrupción en los Oscar de 1993.

Nominada como mejor actriz de reparto, una desconcertada Marisa Tomei. Se encontró de pronto, compitiendo por la estatuilla con un elenco de experimentadas actrices. -Judy Davis (Maridos y Mujeres), Joan Plowright (Un Abril Encantado), Vanesa Redgrave (Resgreso a Howars Hend) y Miranda Richardson (Herida). – Un ramillete de excelentes interpretaciones en películas de peso. Ante las que Tomei defendería su papel de (Mona Lisa Vito) la cáustica novia  de (Vinny). Que había tenido que interpretar enfundada en los más estrambóticos modelitos. Sus opciones no parecían ir más allá de la nominación. Hasta que llegó el momento de la entrega... y de Jack Palance.

Apenas hizo aparición sobre el escenario, pareció evidente que Palance. Encargado de la entrega del Oscar. Estaba bebido, colocado o ambas cosas a la vez. El caso es que mientras presentaba a las nominadas. Su broma al respecto de que una chica de Brooklyn. Se las viera con cuatro británicas, solo parecía un simple comentario jocoso más o menos desafortunado. Hasta que pronunció el nombre de la ganadora... Dando vida a la que sería una de las nuevas y controvertidas leyendas urbanas de Hollywood. Era realmente el de Tomei, el nombre nombre que aparecía en el sobre. Metió la pata Palance voluntaria o involuntariamente. La versión oficial de la academia es que  en una decisión sorprendente pero totalmente legítima, Marisa Tomei era la ganadora. Claro que años después los rumores siguen ahí y al hablar de ellos, uno acaba hablando de Mi Primo Vinny.