La verdad es que no sabría decir por que decidí crear este blog. Lo más sencillo, sería reconocer que siendo el escribir historias algo que siempre me ha gustado. La posibilidad de exponerlas para que cualquiera pueda leerlas me incentivó a tomar la decisión. Sea como sea, esta resultando una interesante experiencia, un atractivo divertimento del que quiero hacer participe a todo el que guste.







Para cualquier sugerencia, crítica u opinión.






jaestrelles@gmail.com






























jueves, 16 de febrero de 2012

Esperando a San Valentín ( I )


-Es un furgón de reparto, se le ha abierto la puerta de atrás y hay paquetes por toda la calle.- informó alguien de los que iba delante. Provocando un coro de protestas y reniegos entre el resto del pasaje.
-Genial.- mascullé contrariada. Guardando el estuche de las gafas que el brusco frenazo con que nos habíamos detenido, había deslizado fuera del bolso entreabierto. Debíamos estar a poco más de doscientos metros de mi parada, comprobé echando un apresurado vistazo por la ventanilla. Más otros tantos hasta la esquina en la que Luis me recogería. Aunque la idea de un sprint con tacones, bolso y abrigo no era algo que me sedujera en absoluto la verdad. Además a mi reloj marcaba las seis y media, con lo que todavía me quedaban veinte minutos para la hora a la que habíamos quedado. Tenía un margen de seguridad razonable para seguir siendo puntual. Me dije, convencida de que por otra parte no era probable que Luis fuera a serlo.
-Tranquilas apenas será un momento. Que se le va a hacer inconvenientes del transporte público.- comentó el chico sentado frente a mí. Viendo que mi vecina de asiento. Una estilizada rubia de rasgos nórdicos a la que no le había quitado ojo, desde que se había subido hacia un par de paradas. También consultaba con gesto preocupado su reloj y la pantalla del móvil. -Lo malo es que como siempre andamos justos de tiempo a veces parece que adelantaríamos más yendo a pie.- insistió con una sonrisa forzada. En un intento patéticamente desesperado por pegar la hebra fuera como fuera. No tuvo suerte, el teléfono de la chica empezó a emitir una pegajosa melodía que me hizo esbozar una sonrisa traviesa.
-Hola. ¿Qué tal?- dijo la chica con un pronunciado acento centro europeo. Mientras el improvisado Casanova fruncía el ceño defraudado. -¿Diga? ¿Diga?- insistió la chica con expresión contrariada.
-En esta zona hay problemas de cobertura.- apuntó el chico. Mirándome como si esperara mi aprobación, había vuelto a la carga. Desde luego era persistente pensé echando otro vistazo a mi reloj y tratando de ignorarle. No tenía ningunas ganas de hablar ni de seguirle el juego. La chica por su parte se revolvió en su asiento apretando el teléfono contra su oído, tratando de no perder la llamada.
-¿Diga? ¿Ángel? ¿Eres tú, Ángel?- apuntó en tono esperanzado estrujando un folleto que sujetaba en la mano libre. -¡Ángel¡ por fin.- celebró satisfecha mientras su cuerpo parecía relajarse. -Si ahora te escucho, mal pero te escucho. En el coche, yo en el autobús, si es un lío. ¿A las ocho? No, no, esta bien no hay problema.- asintió con vehemencia -De acuerdo nos vemos, adiós, hasta luego.- se despidió cerrando el móvil con un suspiro de alivio. -­¡Joder¡ lo siento.- se disculpo horrorizada viendo que con sus manejos casi me había echado de mi asiento. -Disculpe, yo..- musitó avergonzada separándose e intentando replegar rápidamente sus largas y estilizadas piernas. Mientras yo le sonreía comprensiva y divertida.
- Ya, ya vale. Tranquila no a sido para tanto y al menos consiguió atender la llamada. Que por su interés parecía ser importante.- zanjé conciliadora y con una sonrisa indulgente. Que ella agradeció con expresión complacida.
-Si lo era.- asintió - Era por trabajo, no era una cita. Es trabajo.- ­precisó reaccionando al instante en tono contrariado. Mientras negaba frenéticamente con las manos.
-Bueno, desde luego que el trabajo es importante. Pero estará de acuerdo conmigo en que no lo es menos una cita.- acepté enarcando las cejas con gesto decidido, sujetando sus manos nerviosas. Lo que provocó la ávida mirada de nuestro acompañante que a buen seguro hubiera dado lo que fuera por estar en mi lugar. Deseoso por lograr meter baza el chico pareció dispuesto a añadir algo. Justo en el momento en que con una brusca sacudida el autobús volvía a ponerse en marcha ante el alivio general.
-Bueno, parece que volvemos a estar en camino.- comenté con una mueca resignada. Que hizo sonreír a mi vecina de asiento.
- Si es verdad, ya se mueve.- comentó de inmediato el chaval. Segundos antes de que en efecto el autobús volviera a ponerse en marcha tras casi dos interminables minutos de inmovilidad. En los que para variar, había acabado poniéndome de los nervios.
-Menos mal ando justa de tiempo y me gusta ser puntual.- me confesó la chica en un susurro. Ignorando al chico.
-Si, yo también odio retrasarme.- asentí comprensiva. -Es la mía.- comente viendo acercarse mi parada. Asiendo el bolso eché un rápido vistazo a mí alrededor para asegurarme de que no me dejaba nada. -Bueno pues que le vaya bien con el trabajo.- le deseé a la muchacha, que asintió con gesto agradecido.
-Gracias y a usted con su cita.- respondió con una sonrisa traviesa.
-Se hará lo posible.- aseguré en tono resuelto -Quien sabe al igual a usted también se le presenta ocasión. - añadí en tono malicioso. Haciendo un leve gesto con la cabeza hacia nuestro Don Juan particular.
-Voy a estar muy ocupada.- aseguró ella de inmediato, tomando una revista que tenía en su regazo.
-Bueno solo era una posibilidad.- acepté con gesto resignado - Ha sido un placer. Que vaya bien.- me despedí mientras empezaba a levantarme.
-Lo mismo digo. E insisto, ruego que acepte mis disculpas.- perseveró la chica con una sonrisa.
-De acuerdo. Aunque yo a mi vez insisto en que no hay por que disculparse.- aseguré empezando a ir hacia la puerta que empezaba a abrirse. Segundos después ya en la acera, escapaba de milagro de ser arrollada por un apresurado individuo cargado con un sinfín de bolsas.
-¡Por Dios¡ Perdóneme- -¿Está usted bien?- se interesó solícito con expresión azorada.
-No es nada, tranquilo- acepté comprensiva indicándole que subiera. –Acelere no se entretenga. Este conductor no es de los que da el más mínimo respiro.- aseguré. Haciéndole esbozar una abierta sonrisa digna de anuncio.
-Gracias por avisar y perdone.- respondió apresuradamente metiéndose en el vehículo antes de que se cerrara la puerta.
-Adiós guapo.- comenté devolviéndole el saludo que me enviaba. Tras ir a sentarse precisamente en el lugar que yo acababa de dejar. Quien sabe tal vez después de todo la joven desconocida aun fuera a tener suerte esta tarde. Pensé dejándome llevar por esa vena romántica que todos parecemos tener un día como hoy.
La sintonía del móvil, que empezó a sonar en mi bolsillo. Borró por completo todos estos buenos pensamientos. Sustituyéndolos de golpe por un funesto presentimiento. Que cobró total certeza en cuanto descolgué con gesto resignado.
-No, no me lo digas, te surgió un imprevisto.- suspiré en tono abatido. En tanto que el profundo silencio al otro lado de la línea me confirmaba que efectivamente el había vuelto a hacerlo. Cumpliría con la norma, hoy también llegaría tarde.
-Lo siento cariño es una reunión de última hora.
-¡Joder¡ Vamos no fastidies, dijiste que podrías salir a las siete.- protesté sintiendo crecer mi enfado. No quería oír sus excusas. El había planeado que nos encontráramos antes, había sido idea suya, esta vez la decepción era doble. Pensé dominando el impulso de colgarle. -En fin pensé que habrías tenido en cuenta los imprevistos. Desde luego parecías muy convencido. A mí me pareció un poco extraño, incluso recuerdo haber bromeado al respecto. Pero tú dijiste que esta sería nuestra noche, así que quedamos en encontrarnos a las siete.- expuse en tono cínico poco dispuesta a dejarle ir así sin más. Si yo iba a tener que esperarle. No estaría de más que el tuviera que pensar en todo esto mientras se ocupaba de aquella dichosa reunión o lo que fuera. Si tenía un trabajo del que ocuparse tan bien tenía una relación a la que atender.
-Escucha gatita entiendo que estés furiosa pero..- empezó a decir en el tono suave al que recurría para mostrarse conciliador.
-No me llames gatita.- gruñí en tono cortante -Lo odio, no soy tu gatita.- añadí molesta lanzando una mirada desafiante a una muchacha que caminaba junto a mi y parecía haber estado escuchando. La chica apresuró el paso fingiendo indiferencia. Mientras Luis aprovechaba para intentar suavizar el asunto.
-¿Lo odias? ¿Desde cuando odias que te llame gatita?- inquirió desconcertado -Nunca me lo habías dicho, pensaba que te gustaba. No se, es un apelativo cariñoso.- prosiguió dubitativo como si mi protesta hubiera supuesto algún tipo de revelación extraordinaria.
-Si es que lo sabía. Esto solo me pasa a mí.- lamenté con resignación. Por un momento había llegado a sentir como una especie de culpabilidad. Como si acaso le hubiera estado ocultando algo importante y comprometedor. -Escucha para tu información gatita no ha sido nunca un apelativo que me apasione. Si bien tampoco es que me moleste, por lo que no le doy demasiada importancia. Pero si me lo llamas en plena discusión entonces sí. Lo odio.- zanjé deseosa de cambiar de asunto. El cabreo empezaba a ofuscarme y conociéndome temí acabar diciendo algo de lo que pudiera arrepentirme. Lo mejor sería dejarlo correr y no convertir aquello en algo realmente grave.
-Bueno esta bien. No le demos más vueltas, esperaré donde habíamos quedado. Por lo menos intenta que no se alargue demasiado.- concedí en un tono comedido y conciliador.
-Esa es mi chica.- dijo el atropelladamente. Tras lo que me pareció un suspiro de alivio.- Un beso.- se despidió. Colgando sin llegar a comprometerse a nada de lo que poder tenerse que arrepentir. En fin al menos habíamos capeado el conato de crisis. Pensé resignada llegando al lugar  de la cita. Para descubrir con fastidio que la chocolatería donde esperaba aguardar tomando algo caliente estaba cerrada.
-Maldita suerte.- mascullé contrariada. Leyendo el cartel que anunciaba el día de descanso del personal. Empezaba a hacer frío y no se veía otro bar por el alrededor. Una tarde redonda pensé, empezando a sentirme abatida. Mientras recorría con la mirada los alrededores. Portales de edificios, tiendas cerradas, la entrada de un parking. Una lavandería con cuya verja de cierre bregaba desesperada una chica, sin duda deseosa de cerrar. Entonces la vi. -Menos mal.- proclamé satisfecha apresurándome a cruzar la calle. La verdad es que no frecuentaba demasiado la zona pero aun así me extrañaba no recordar aquella librería. Hacia cuyo iluminado y acogedor escaparate me dirigí en busca de un refugio. Que en mi caso no podía ser más que doblemente idóneo. Pues siendo una lectora compulsiva que mejor lugar donde  resguardarse a esperar. Aprovechando sin duda para acabar comprando algún que otro ejemplar.
-Buenas tardes.- dije entrando decidida. Mientras lanzaba una mirada complacida a los repletos y pulcramente ordenados estantes que recubrían las paredes.
-Buenas tardes.- me respondieron al unísono la dependienta y un par de chicos a los que estaba envolviendo unos libros.

En mi caso los balances de mis estados de guerra emocionales. Podía decirse que resultaban tan positivos para mi biblioteca como negativos para mi economía. De hecho no sería la primera vez que cavaba atemperando mi estado de ánimo recorriendo una librería. Lugares de los que todo hay que decirlo nunca salía con las manos vacías. Esta vez la tentación me saltó pronto a los ojos en forma de un estuche recopilatorio sobre escritores rusos censurados en la época soviética. Que divise sobre una mesa con el prometedor rotulo de ediciones especiales. El estuche incluía media docena de ejemplares de diversos autores algunos de cuyos nombres captaron mi interés de inmediato. Bulgakov, Ajmantova, Maiakovski, Bábel. Así como un apéndice con el relato de las vicisitudes a las que hubieron de enfrentarse en su tiempo. Aquello era una joya comprobé momentáneamente extasiada. Una tentación tan apetecible como prohibitiva reconocí a mi pesar  tras echar una ojeada al precio.  
-Otra vez será- rumié por lo bajo. Echando mano de la necesaria dosis de sentido común que requería la ocasión. Vacaciones en la nieve, regalos de navidad, modelito para la fiesta de fin de año. Este año para mi economía la cuesta de Enero no iba a terminar por lo menos hasta mediados de Julio. Todo eso sin contar el regalo de Luis que llevaba en el bolso, un exclusivo cinturón Hermes que le iba a encantar. Por que claro esta, ya puestos hay que celebrar San Valentín.

miércoles, 25 de enero de 2012

Oficial y Confidencial, para uso exclusivo del Director

Hace un par de meses cotilleando en FilmAffinty me encontré con que Clint Eastwood tenía nueva película. Por lo que se decía en Internet, prometía ser un peliculón con un reparto de lujo. Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, Josh Lucas, Judi Dench, Dermot Mulroney, Lea Thompson, Michael Gladis. En fin una súper producción con una historia apasionante que contar. Nada más y nada menos que la vida de J.Edgar Hoover. El hombre quien durante décadas llevó la cuenta de los secretos y pecados de miles de personas influyentes. A las que no dudó en manipular a su conveniencia sin que nadie osara oponérsele. Reconozco que desde que leí una concienzuda biografía sobre el, Hoover es uno de mis personajes históricos predilectos. Así que al enterarme de lo de la película me propuse publicar un post hablando del tema. Pero como soy un caso entre el trabajo, la pereza y demás, pues eso que por poco se estrena la película y el post se queda en el olvido. Permitidme pues que aunque con el tiempo muy apurado presente mi propio expediente sobre J.Edgar Hoover.

--------------------------  Oficial y Confidencial     --------------------------------

                                  

En 1919 cuando  Mitchell Palmer el nuevo y ambicioso ministro de justicia llegó al cargo.  El auge que empezaban a tener el país de las asociaciones socialistas e izquierdistas alentadas por el triunfo de la revolución rusa y las reivindicaciones de los movimientos obreros de toda Europa. Se consideraban elementos desestabilizadores a los que había que poner freno de inmediato. Tras algunas recomendaciones Palmer acabó contratando a un joven Edgar como ayudante especial para ocuparse de controlar aquel problema.  Pronto demostró de lo que era capaz. En su primera gran operación contra la amenaza roja medio millón de personas fueron fichadas y se abrieron  60.000 expedientes. Lo que permitió tener una idea clara de cómo infiltrar, debilitar y atacar a innumerables asociaciones y personas cuyas actividades fueron consideradas subversivas. Para cuando finalmente los defensores de los derechos civiles consiguieron echar el freno a esta primera caza de brujas. Edgar había llegado a perfeccionar ampliamente un sistema y una doctrina de la que seguiría sirviendo se el resto de su vida. Sus métodos fueron muy criticados pero tras muchas protestas y revuelo, consiguió salir indemne del escándalo. Finalmente resultó que cuando por momentos temió perder su trabajo. Se encontró con que de pronto le ofrecieron uno mucho mejor. El trabajo al que consagraría su vida.
Parece ser que cuando en 1924 un nuevo ministro de justicia decidió nombrar a Hoover como director del FBI. Se apresuró a dejarle muy claro que el nombramiento tenía carácter puramente provisional. La institución por entonces estaba muy cuestionada, a causa de su ineficacia ante el crimen y los casos de corrupción que afectaban a la organización. El nombramiento de Edgar era pues un parche de urgencia, un intento de centrar la atención del público y la prensa en una cara nueva. Mientras se decidía que hacer definitivamente con  la agencia. Pero desde el momento en que Hoover tomó las riendas lo hizo con la plena convicción de no moverse del puesto. Obviamente se salió con la suya.
Al fallecer el 2 de mayo de 1972 tras casi cincuenta años en el cargo J.Edgar Hoover seguía siendo el todo poderoso director del FBI. Los ocho presidentes habían pasado por la casa blanca durante aquellos años. Habían visto impotentes como sus respectivas administraciones vivían bajo la “tutela” de un personaje oscuro e intrigante, cuyo poder con los años no había parado de crecer. Y ante quienes los sucesivos gobiernos se habían tenido que plegar incapaces de asumir el riesgo de enfrentarle. Un hombre a quien millones de conciudadanos tenían como el más destacado referente de lo que tenía que ser el espíritu americano. Trabajador incansable y concienzudo, de moralidad intachable, respetuoso defensor de las tradiciones norteamericanas. Que desde su puesto velaba tenazmente por la seguridad del país y sus ciudadanos. Ante cualquier tipo de enemigo o amenaza interna o externa. Todos estos años Hoover había sido la indiscutible figura de referencia para los norteamericanos. Así pues miles de ellos acudieron a rendirle su último homenaje y presentarle sus respetos. En una fastuosa capilla ardiente instalada en el Capitolio, sobre el mismo catafalco usado en el funeral de Lincold. Un funeral de estado para despedir a un abnegado y venerado servidor publico.

La realidad en cambio era muy distinta. Tras acceder al cargo, Edgar se encontró realmente ante una situación muy comprometida. Con el país sumido en la depresión la corrupción dentro y fuera de las instituciones campaba a sus anchas. Por no hablar del lado más visible de la delincuencia. Encarnado por una serie de peligrosos y sangrientos delincuentes que parecían recorrer el país a sus anchas como en los tiempos de los cowboys. John Dillinger, Ametralladora Kelly, Babe Face Nelson, Pretty Boy Floyd, Ma Barker.
Constantemente los periódicos estaban llenos de noticias sobre sus sangrientas correrías. Alentando la desconfianza de los ciudadanos respecto a la capacidad de las fuerzas del orden para solucionar toda aquella locura. Hoover tuvo claro desde el principio que precisamente aquella situación era a la vez su principal problema y su mejor oportunidad. Lo primero fue acometer una contundente reorganización de la agencia. Todo aquel sospechoso de ser corrupto o de tener “conducta impropia” fue fulminantemente despedido. El nuevo FBI estaría provisto de agentes honrados, leales y especializados en las últimas técnicas de investigación. Los ideales de la institución y de sus agentes debían ser un referente para los ciudadanos a los que servían. Ese fue el mensaje que a través de la prensa Edgar se empeño en hacer llegar al público. Mediante una cuidadosa campaña de relaciones publicas. Para la que supo aprovechar los éxitos que poco a poco sus agentes empezaron a cosechar. Unos éxitos convenientemente publicitados con bombo y platillo.  Para cuya consecución, sin embargo, no se dudo en recurrir a todo tipo de reprobables artimañas, abusos y mentiras. Sin duda el fin justifica los medios debió de pensar Edgar. Que tras ganar la “guerra” a los gánsters y reflotar la imagen del FBI. Se encontró en una posición inmejorable para hacer y deshacer a su antojo. Sabía perfectamente de la importancia de controlar la imagen y la información. Así que se preocupo de difundir ampliamente su empeño y esfuerzo personal en la modernización de la agencia y los logros que ello suponían. Implantó la tecnología de recogida y archivo de huellas, la vigilancia mediante escuchas, los equipos y protocolos de investigación forense. Edgar tenía vía libre podía hacer prácticamente lo que quisiera. De hecho entre 1924 y 1971 ninguna administración realizó ni una sola auditoria sobre el presupuesto del FBI.
Tras acabar con los gansters, llegarían los infiltrados nazis, los agitadores sociales y por supuesto la gravísima amenaza comunista y su deseo de acabar con el estilo de vida norteamericano. Un enemigo retorcido e invisible que se convirtió en la autentica piedra filosofal de la doctrina Hoover. El creciente y desafiante poder de los ¨Rojos”.  Empezaba a calar en partes de la sociedad norteamericana a la que pronto hubo de empezar a proteger y concienciar de este nuevo peligro. Los rojos estaban siempre al acecho siempre intrigando para debilitar y corromper Norteamérica aseguraban la prensa y los políticos. Pero desde el principio a los americanos se les empezó a vender la idea de que nada parecía poder escapar al control de los agentes del FBI y de su Director. Que controlaba escrupulosamente cuanto sucedía. No podían ni imaginar cuan real era aquella afirmación. O más concretamente cuan real era ese control sobre todo aquello que verdaderamente interesaba al Director.

Pues la historia de J.Edgar Hoover es la historia de sus expedientes clasificados como Oficial y Confidencial. Un enorme archivo sobre las historias y trapos sucios de miles de personas que a lo largo de décadas captaron la atención de Edgar por uno u otra razón. Siempre se ha dicho que la información es poder. Edgar sin duda llevó esta afirmación a su máxima expresión.
Ningún presidente, administración, político, empresario, artista, institución, nada que pudiera resultar importante escapaba al concienzudo escrutinio del FBI de Hoover. Que mientras se ocupaba de pregonar sobre su defensa de los valores y el estilo de vida americano. Mantuvo a sus agentes  muy ocupados recopilando todo tipo de información -cuanto más escabrosa mejor- sobre todo y sobre todos. Deforma que no paso mucho tiempo antes de que cualquier persona, independientemente de su condición o del cargo que ocupara. No tuviera muy claro que sus más inconfesables secretos estaban seguramente en posesión del taimado Director. Que supo sacar partido de las debilidades humanas. Desviaciones sexuales, infidelidades, fraude fiscal, problemas con la bebida, consumo de drogas o por descontado unas inapropiadas simpatías izquierdistas. Podían acabar con la vida de cualquiera que osara cruzarse en el camino del señor Hoover. O simplemente no accediera a plegarse a sus deseos.

Mediante el descrédito, la calumnia, o directamente el chantaje. Compró voluntades, acalló voces y manipulo a su antojo sin la menor vacilación. Pisoteando tanto a los derechos civiles las leyes o a personajes e instituciones. Presidentes como Roosevelt, Truman, Kennedy, Johnson o Nixon que llegaron a plantearse seriamente el relevarle de su cargo al verse abiertamente desafiados. Terminaron reculando  a la hora de enfrentarse a un enemigo tan poderoso. Los expedientes eran la espada de Damocles de la que Edgar no dudo en servirse siempre que le resultó necesario. Paradójicamente sus propias debilidades no distaban mucho de a aquellos a los que chantajeó.

Las relaciones de Hoover con su madre no fueron nunca fáciles y se cree que esto pudo influir en sus relaciones con el sexo opuesto. Podría decirse que Helen Gandy, su fiel secretaria durante cincuenta y tres años. Fue probablemente la mujer que más cerca estuvo de el. En una insólita entrevista concedida a mediados de los cincuenta Edgar hizo alusión a que el amor siempre se había mostrado esquivo con el. Dejando entre ver que en una ocasión le habían partido el corazón. Esta especie de extraña confesión podría tener su origen en la historia de Alice. Una muchacha a la que según Gandy, Edgar estuvo apunto de pedir matrimonio en 1918. Pero que le dejó para casarse con otro hombre. Estos escasos detalles son prácticamente lo único que trascendió de sus relaciones personales. Durante algún tiempo empezó a dejarse ver en compañía de Lela Rogers -madre de Ginger Rogers- incluso se especulo con una posible boda. Aun que finalmente todo quedo en un rumor. Se le atribuye también una buena amistad con Dorothy Lamur. La única mujer por la que en opinión de algunos, Edgar llegó a mostrar cierta consideración.



En 1928 Clyde Tolson ingresó en el FBI en tan solo tres años ascendió a uno de los puestos de subdirector. En donde bajo la tutela de Edgar permanecería hasta 1971. El verano de 1937 con motivo del vigésimo aniversario de Edgar en el Departamento de Justicia. Tubo lugar una pequeña fiesta en la que entre otras cosas le regalaron la insignia numero uno del FBI en oro puro. Para celebrarlo Edgar y Clyde vestidos con trajes color crema y sumergidos en un mar de flores. Inmortalizaron el momento, con una foto que para muchos hubiera sido como la confirmación de lo en aquel entonces en muchos círculos de poder de la capital era un secreto a voces. Del que jamás nadie se atrevió a hablar abiertamente pese a la evidencia.  Edgar y Clyde eran amantes y cinco noches a la semana durante más de cuarenta años cenarían en el restaurante Harvey. A excepción de los periodos de vacaciones. Cuando por lo general se escapaban al  sur de California. Habían empezado a veranear allí a mediados de los años treinta. Pero cuando en la década de los cincuenta cuando su amigo el millonario tejano Clint Murchinson. Adquirió el exclusivo hotel Del Charro en La Jolla Edgar y Clyde se convirtieron en clientes preferenciales. Que disfrutaban de un lujoso y bungalow a 700 dólares la noche pero que en su caso corría por cuenta de la casa. En Del Charro Edgar coincidía con Lewis Rosenstiel otro amigo multimillonario. Quien aparte de asegurarle buenos “soplos” de primera mano para apostar en las carreras de los hipódromos cercanos. Al parecer también empezó a ocuparse de organizarle a Edgar encuentros con jovencitos. Cuando su relación con Clyde empezó a atravesar crisis frecuentes. 
Tal vez fuera durante una de estas crisis cuando en la primavera de 1958. Tuvo lugar un episodio que la mujer de Rosenstiel relataría años después. Según parece todo ocurrió una tarde cuando en compañía de su marido fue a una suite del hotel plaza donde se estaba celebrando una fastuosa orgía.  Una orgía en la que para su sorpresa se encontró con el mismísimo Edgar ataviado con ropa de mujer.

                             

Todo apunta a que la homosexualidad y su relación con Clyde era precisamente el punto débil de Edgar que explotaron aquellos a quienes jamás se atrevió verdaderamente a acosar. La Nochevieja de 1936 tras una lujosa cena en el Store Club Edgar y Clyde fueron sorprendidos en actitud comprometida por diferentes personas. Nadie difundió nunca lo que ocurrió  pero el Store era un local controlado por la Mafia. Una organización a la que el poderoso FBI de Hoover  jamás reconocería como tal y con la que a excepción de puntuales encontronazos. Incluso llegó a colaborar en diferentes momentos. Con el paso de los años diferentes testimonios y actitudes de jefes mafiosos. Darían a entender  que en esta especie de entente cordial entre Edgar y las familias aquella noche del Store tenía mucho que ver. ¿El chantajista, chantajeado? O tal vez sería mejor decir el chantajista ganado para la causa. No en vano el propio Rosenstiel había sido colaborador directo del mismísimo Meyer Lansky otro genio indiscutible de la manipulación.

Así pues J.Edgar Hoover máximo exponente de los principios y valores de la sociedad norteamericana. También tenía su propia y abultada ración de secretos inconfesables. Muchos de los cuales se me quedan ahora en el tintero. Su patente racismo y ultraderechismo, las disputas con los Kennedy y su actuación en el asesinato presidencial, los trapìcheos con  McCarthy, el asesinato de Luther King, la chapuza de los Rosenberg.  Pero es que este post me va a quedar kilométrico. Eso si espero que sirva para haceros una idea de lo que en teoría podéis encontrar en la película.

Que yo sepa a excepción  una breve secuencia de Nixon, la película de Oliver Stone en la que el personaje de Edgar besa a un camarero. La figura del Director del FBI nunca se ha puesto abiertamente en entredicho en la gran pantalla.
DiCaprio quien en El Aviador, ya se atrevió a meterse en la piel de Hooward Hughes y que ya prepara una película sobre Sinatra. -Con lo que completará un trío de los personajes a la vez más influyentes, oscuros y relevantes de la historia de los Estados Unidos.- Dará vida a uno –si no el que más- de los grandes manipuladores de la historia.
Aun después de su muerte, la figura de Hoover permaneció durante años intocable. Como si el temor a que el poder del sempiterno Director del FBI pudiera caer sobre cualquiera que se arriesgara a hurgar en su historia. Se atreverá el gran Eastwood a desafiarle. Quien sabe, la verdad es que por su edad no sería de extrañar que en alguna parte exista un expediente con su nombre. En el que aparezca algún pecadillo de juventud, cuando empezaba en esto del cine. Un expediente por supuesto clasificado Oficial y Confidencial para uso exclusivo del Director.


martes, 3 de enero de 2012

Ebenezer

Antes de fiestas desde su pequeño oasis Layna nos propuso a unos cuantos que habláramos un poco de lo que nos suponía la Navidad. Ante la previsible desbandada de blogeros con motivo de las fiestas. La idea era animarnos a elaborar algunos post sobre nuestro modo de ver la Navidad. Mantendríamos animada la bloggosfera contando lo que más nos gusta de este periodo y lo que no.
La propuesta de Layna y el post que la acompañaba estaba muy bien. En cuanto a que animaba a tomar parte publicando y comentando. Pero en mi caso presentaba dos grandes inconvenientes. El primero es que mi trabajo iba a mantenerme ocupado todas las fiestas y por lo tanto al margen del blog y de la bloggosfera. –Ya veis lo que he tardado en publicar el post – El segundo inconveniente era el tema de la propuesta en si.  Carezco de espíritu navideño, así que enumerar TRES cosas por las que las navidades me parecen especiales. Resulta una tarea tan complicada, como sencilla la de encontrar tres docenas de razones para que no me gusten. Con decir, que el primer personaje “navideño” que me viene a la mente cuando me preguntan por la navidad, es Ebenezer Scrooge. El avaro protagonista que Dickens  creó para su Cuento de Navidad.

Es precisamente pensar en Scrooge, y en el último post que leí al visitar a Abril y su apartamento en Paris. Lo que me hizo reflexionar sobre las historias navideñas seguramente lo único que no me desagrada del tema. Esos dramas con final feliz, ambientados en el periodo navideño con toda su parafernalia. La literatura y el cine han sabido sacar partido al tema y dejando a parte los empalagosos dramones  lacrimógenos. Hay toda una serie de grandes películas “navideñas” que valen la pena. Seguro que todos recordáis un puñado de buenas historias al respecto. Por supuesto convenientemente aderezadas con las canciones  apropiadas.

Las historias ficticias son pues para mí lo único salvable de la Navidad. Tal vez por eso el día uno, tras salir de trabajar y reunirme con mi mujer. De lo único que tenía ganas era de llegar a casa ponerme cómodo y arrellanarme tranquilamente en el sofá. Tocó sesión doble de cine y aunque juro que no lo hicimos a propósito  acabamos viendo dos películas ¨navideñas¨.  
La primera, Los Amigos de Meter, es una comedia británica que me dejó un amigo hace unos días. Fue producida en los noventa y no la conocíamos, la verdad es que nos gustó. A petición de mi mujer después le tocó el turno a Love Actually con lo que supongo que  pusimos el broche final a las fiestas. Aún queda el fin de semana de Reyes, pero la Navidad se acabó, prueba superada. Feliz año a todos.


 

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿Ucronía?

Era inútil, no había manera de concentrarse.  Pensó cerrando la carpeta y dejando a un lado el tedioso informe sobre perspectivas de producción agrícola. Apenas si lo había estado releyendo entre líneas. Pero había empezando a darle dolor de cabeza. Comprobó con fastidio volviéndose para clavar una penetrante mirada en  su secretario. Que se revolvió inquieto antes de anticiparse a la pregunta.
-Lo siento señor pero de momento en su oficina dicen que sigue en la reunión. De hecho parece que se esta alargando más de la cuenta. Están tratando de cuadrar la agenda y nos han asegurado que se pondrá en contacto lo antes posible.- informó en tono dubitativo. Temiendo la consiguiente reacción.
-Merde¡¡- masculló el. Con un gruñido furioso que resonó como un tiro en la quietud del despacho. Haciendo encogerse al temeroso secretario.
Cuadrar la agenda¡¡  Reuniones¡¡  Mon Dieu y que se suponía que estaba haciendo el, disfrutar de una vacaciones en Saint Tropez. Maldijo para si soltando un bufido y empezando a juguetear nerviosamente con una hermosa estilográfica Montblanc. Que terminó por escapársele de las manos para caer sobre la alfombra. De donde el secretario se apresuró a recogerla con inusitada presteza. A la que el no prestó la más mínima atención. Había vuelto a abstraerse en sus pensamientos.

En que demonios estaba pensando Lagarde. Sabía muy bien que el quería hablar con ella antes de encontrarse con la teutona. Necesitaba confirmar que sus opiniones iban a presentar un frente común. No quería encontrarse con que tras aguantar el chaparrón de protestas de la fraülein, para acordar una estrategia. Resulta que la presidenta del Fondo Monetario Internacional le salía  con otra declaración en contra. La economía, los mercados, los inversores, la deuda,  ella sabía que había demasiadas cosas en juego. Como para ahora tenerle bloqueado por culpa de una estúpida reunión. Sobre asignación y control de fondos en los planes de ayuda al desarrollo para África central. Con la que estaba cayendo y a la señora le daba por plantearse como ponerse a regalar dinero. Menuda gilipollez, a estas alturas Lagarde ya tendría que tener bien claro cuales debían de ser sus prioridades. El había puesto mucho de su parte para conseguir auparla al cargo. Algo que no resultó nada fácil tras el  espectáculo de vodevil organizado por Strauss Kahn. Odiaba haber tenido que ir negociando favores. De unos socios europeos a los que les encantó verle rebajarse. Todo ello mientras le iban soltando bromitas sobre el embrollo formado por el condenado Dominique. E insinuaciones más o menos veladas, de lo bien que le iba a venir a el, dejar fuera a un posible rival a las elecciones presidenciales. Como si con el historial de picha brava que atesoraba aquel salido de Strauss Kahn, hubiera sido necesario incitarle a algo. Conseguir los respaldos necesarios para mantener en el sillón a una francesa. Había salido por un cojón de canard. Desde luego que ella había sabido jugar excepcionalmente bien sus cartas. Apoyándose hábilmente en sus numerosos contactos norteamericanos. A los que ahora parecía dispuesta a devolver el favor, antes que al presidente de su propio país. Para que luego te vengan hablando de favores y lealtades, menudas milongas. Había que ver que humos empezó a traerse Madame en cuanto probó las bondades del cargo. Con todo el mundo dispuesto a hacerle la pelota. Poder para hablar casi sin tapujos y los reconocimientos propios del jefe de estado de una potencia económica. El poder te da ínfulas de superioridad, bien  que lo sabía el. Uno puede pretender aparentar que sigue siendo el mismo que antes de asumir el cargo. Pero los buenas intenciones duran bien poco y Lagarde no era excepción.  Bastaba ver ese gesto de superioridad que había empezado a adoptar en las comparecencias. Por no hablar de la imagen, con que de pronto se había presentado aquel verano. Aquella melena cana enmarcando un rostro de cutis… bronceado¡¡¡. Con Grecia apunto de ahogarse la economía hecha unos zorros y ella luciendo bronceado. Pero un momento. ¿Era aquello un bronceado? Por que la verdad es que parecía más bien, algún tipo de accidente con los rayos uva. Mon Dieu era como si alguien hubiera encargado una presidenta del FMI bien dorada y crujiente. Que demonios le pasaba ahora a aquella mujer. Allí estaba el, a apenas media hora de batirse el cobre. Frente a una Canciller con las ganas de bronca de un estibador de Hamburgo, tras un tuno doble de trabajo. Haciendo cola a la espera de que Doña FMI se dignara a atenderle. Para diseñar una estrategia con común la que sacar adelante la economía europea. Era de locos, resopló ofuscado levantándose de golpe y empezando a dar vueltas por el despacho. Mientras de un salto el secretario se hacia a un lado. Pegándose a la pared en un intento de convertirse en un cuadro más.

-¿Cuánto les falta para llegar?- inquirió finalmente en tono imperioso.  
-Veinte minutos- balbuceó el secretario.
-¿Todo listo? El protocolo de siempre.- comentó. Yendo a servirse un baso de agua sentía la garganta seca.
-Así es señor presidente. Saldrá a recibirla, fotos para la presa, sin preguntas. Nuestra delegación aguardará en le salón.-
-Si claro la prensa, como no.- asintió el con desgana tomando un largo trago.
En más de una ocasión había oído decir aquello de que las dos cosas que la gente nunca debería ver como se hacen, eran la política y las salchichas. Pero en la era de la información. Resulta simplemente imposible evitar dar un paso sin estar bajo el escrutinio de las cámaras. Las tertulias políticas y económicas proliferaban sin cesar. Una reunión como la que iban a tener dentro de unos minutos sería profusamente analizada de inmediato. Y en especial su figura que no solía salir muy bien parada de estos análisis. Hacía unas semanas en una de estas tertulias uno de los invitados empezó a referirse a el y a la Merkel como Merkozy el expresión inventada por los periodistas uniendo sus nombres. Para hacer referencia a la unidad de acción y el entendimiento del que ambos llevaban meses haciendo gala. –En efecto hablan con una sola voz y un mismo discurso. Pero no cabe duda que las palabras e ideas que se exponen son las de Merkel.- había apuntado de inmediato otro de los contertulios. –Monseur le Président esta demostrando ser un alumno muy aplicado. Para que luego digan que no escucha las opiniones de otros.- remachó en tono cínico.  Provocando un estallido de hilaridad general. Sin duda que hoy toda aquella panda estaría esperando la ocasión de volver a la carga. Haciéndole quedar como un simple correveidile de la Canciller. No obstante para esta reunión, el y su equipo habían estado preparando unas cuantas iniciativas que tratar con la delegación alemana. No es que se tratara de propuestas revolucionarias ni mucho menos. Pero si de una serie de prometedores ajustes y replanteamientos sobre las medidas de las que se venía negociando en el último mes y medio. No sería fácil conseguir que la Canciller le respaldara así como así. Especialmente en el tema de los Eurobonos o la refinanciación de las deudas soberanas, pero existían formulas sobre las que negociar salidas a todo esto. De ahí que le hubiera venido bien  conocer de antemano la disposición de Lagarde a secundarle. Pero Madame seguía perdida en el corazón de África.

Otra patada más para su futura úlcera. Rumió contrariado apurando el vaso de agua. Acababa de recordar algo de lo que había tomado nota mentalmente. Cuando esta mañana le presentaron al nuevo capitán de la guardia de corazeros. Con lo liada que había estado la maña, decidió dejarlo. Pero ahora podía ocuparse, no fuera a pasársele. Aquel tipo podía ser muy simpático y hasta buen oficial. Pero… le gustaría saber a que lumbrera se le había ocurrido elegir para el puesto. A un tipo que bien podía estar jugando de pívot en la selección de baloncesto. Solo imaginarse a su lado en el acto protocolario de pasar revista a la guardia. Mientras acompañaban al jefe de estado de turno en vista oficial. Le resultaba de lo más deprimente. Con el cachondeo que periódicamente se traía la prensa a cuenta de que usara alzas. Mientras Carla se presentaba con zapato plano o de tacón bajo. O de que la altura media de sus escoltas hubiera menguado… Como para ponerse a tiro de las cámaras. Caminando junto a una especie de mister universo enfundado en el traje de gala de los corazeros. Si hombre, iba a parecer su llavero. Vamos es que ni hato de Burdeos. Habría que sacarle de en medio. Se dijo chasqueando los dedos y encarando al secretario con gesto decidido. -Otra cosa. Ese capitán, el de esta maña, el corazero.
-El capitán Rocher.- apuntó el secretario.
-Eso Rocher- farfulló el con fastidio. Será posible¡¡ El condenado tenía hasta nombre de marca. –Pues eso, a Rocher que le busquen un buen destino en alguna otra parte.- ordenó.
-Perdón- dudó el secretario, que hoy parecía andar un tanto espeso.
-Un destino, no creó que de el perfil adecuado para un cargo puramente protocolario. Seguro que su valía será de provecho en una unidad más activa.
-Pero fue escogido entre una docena de las solicitudes mejor cualificadas.- objetó el secretario. Ganándose una mirada asesina que por fin pareció sacarle de su inopia. –Huy perdón señor seguro que podemos encontrar un destino como el que sugiere. Lo siento.- corrigió atropelladamente.
-Perfecto.- bufó el. Conteniendo las ganas de destinar al secretario a una marisma perdida de la Guayana.  Mientras el teléfono empezaba a sonar.

Era su línea privada comprobó con un gruñido. Hoy no necesitaba ningún contratiempo en el frente domestico. Aun que por suerte el embarazo había ido como la seda. Tras el parto, algunos días Carla parecía un tanto melancólica. ¿Síndrome del nido vacío? A saber, ella era una mujer acostumbrada a una actividad frenética. En fin, seguro que pronto estaría de nuevo metida en un montón de proyectos. Pensó resignado. Volviendo a sentarse y lanzando una mirada al secretario que se apresuró a abandonar el despacho.
-Oui – inquirió sin mucho énfasis descolgando el teléfono.
-Humm. Estas enfadado, lo noto.- adivinó ella al instante -¿No querías hablar conmigo?- añadió en  un meloso tono contrito.
-Mon Deiu, mon amour como se te ocurre. Siempre me encanta recibir tus llamadas son como un regalo. Es solo que los fritz están apunto de llegar. Ya sabes lo estresante que es todo esto.- objeto conciliador. – No sabes las ganas que tengo de tener algunos días más relajados para poder dedicarte algo de tiempo.- aseguró con un suspiro.- Pero antes he de vérmelas con Frau Merkel.- 
-Animo cheri ya veras como no es para tanto. Al fin y al cabo ambos buscáis un mismo fin. Encontrar la mejor forma de solucionar todo esto.-
Habían llegado, tocaba ponerse en marcha. Comprendió en cuanto el secretario asomó la cabeza.
-Si tienes razón.- aceptó resignado-  Gracias por llamar y darme ánimos. Ahora tengo que dejarte, estan al llegar-
-Chiao Caro. Saluda a Angie de mi parte.-
-Si claro.- respondió desconcertado. Angie!!! Mon Dieu recordaba haberlas presentado ¿Pero desde cuando la Merkel había pasado a convertirse en Angie?

El ambiente allí era frió y desapacible. Muy acorde con toda aquella situación. Pensó saliendo a la puerta, mientras el primer coche de la comitiva entraba en la plazoleta. Primero tocaba actuar un poco de cara a la prensa para las fotos de turno. Suspiró para si, intentando esbozar una sonrisa lo más distendida posible mientras se adelantaba para recibir a la Canciller. Que acababa de salir del coche.
 -Bienvenida, que tal estas.- preguntó cortésmente. Mientras ambos daban paso a la estudiada coreografía de rigor sonrisas, gesto relajado, un leve apretón de manos, dos besos. ¿Un momento era aquello perfume?  Pensó sorprendido, enarcando levemente las cejas. Al captar una suave fragancia que le resultó vagamente familiar.
-¿Le gusta? Es el perfume que me regaló su mujer.- le susurró ella con gesto de complicidad. Interpretando su sorpresa. –La verdad es que es estoy encantada con el. Su esposa tiene un gusto exquisito.- confeso satisfecha.
-Gracias- respondió el totalmente descolocado. Cediéndole el paso para que entrara, después de que los fotógrafos lanzaba su última andanada de fotos.

-¿Y que tal la niña? ¿Es Giulia, verdad?- se interesó ella amablemente. Mientras avanzaban por el pasillo. Seguidos por un sequito que avanzaba con impecable marcialidad.
-Si, si Giulia y esta muy bien es un ángel.- respondió el satisfecho. Antes de que ella se parara en seco.
-Mein Gott- masculló contrariada. Llevándose la mano a la frente, obviamente había recordado algo. Adivinó el, viéndola girar en redondo para encarar a su delegación, cuyas filas barrió con la mirada. Antes de formular una pregunta que sacudió la formación como si un certero cañonazo la hubiera alcanzado de lleno. Sembrando un repentino e incomodo desconcierto. Mientras al parecer, la Canciller empezaba a protestar y a lanzar ordenes en alemán. Alguien había metido la pata. Creyó intuir sorprendido, mientras hacía un gesto a su traductor para que se mantuviera al margen. No le necesitaba, parecía evidente que todo el revuelo no era por algo “oficial”. Así que prefería hacer su propia interpretación de los hechos. A parte de que seguramente era mucho más divertida. Parecía que se había montado una buena y para acabarlo de arreglar. Acostumbrados como están a su impecable rigidez prusiana. Los kartoffen improvisan fatal cuando como era el caso, se les pilla en un renuncio. Claro que tener a la Canciller mascullando maldiciones y reniegos propias de un sargento de infantería prusiana. Pues como que debe de acojonar lo suyo. Una vez alguien le había dicho que no sabes lo que es que te  insulten hasta que no lo hacen en alemán. Pero fueran o no con tacos, con lo que en ese momento Frau Merkel fustigaba a sus edecanes. El caso es que los estaba poniendo a todos de vuelta y media. Mon Dieu que genio, que mujer. Suspiro admirado. Viendo salir disparado hacia la puerta a uno de los secretarios. Mientras ella se volvía hacia el sin dejar de protestar. Como lamentándose por el contratiempo. Seguía hablando alemán, y el no pillaba ni papa –aun que asintió con gesto comprensivo- por su expresión. Bien podía estar rematado todo el ¨sarao¨ con la consabida reflexión. –Ya ve usted esto es un desastre, tengo que estar en todo. Me cago en ¨tó¨ lo que se menea.- Si, seguro que “grosso modo” por ahí iban los tiros.
Todo se solucionó en un par de minutos. Resultó que un secretario había olvidado en el coche. Unos regalos que la Canciller había querido traer para Carla y Giulia. Alucinado el los aceptó encantado asegurándole que a ambas les encantaría el detalle. Decididamente tendría que hablar con Carla sobre toda aquella familiaridad. Mon Dieu Cuando la Merkel se ponía en plan tan entrañable el no sabía a que atenerse.

En el salón todo estaba dispuesto y tras los saludos de rigor ambas delegaciones empezaron a sentarse a la mesa. El permaneció de pie a la espera de que ella se sentara. Tras el incidente del pasillo ella había vuelto a sonreír. Pero ahora de pie junto a su silla recorrió la mesa con la mirada mientras se hacía el silencio. Todos la miraron expectantes era aviente que ella quería ser la primera en tomar la palabra. Y desde luego que lo hizo. Cuando se lanzó a hablar el traductor se las vio negras para seguirle el ritmo.

No habían venido para empezar a perder el tiempo con negociaciones absurdas y demás parafernalia. –Proclamó así de plano sin anestesia- Todo aquel circo llevaba ya demasiado tiempo en marcha. Era el momento pues de arremangarse y ponerse manos a la obra sin tantos miramientos. Europa necesitaba que se pusieran las pilas si o si. Se acabaron las contemplaciones, de esta no pasaba, esto tenía que quedar zanjado. A Durao, Van Ronpuy, Draghi que le den por culen. Nos deben sus puestos, así que no quieran ahora venir jodiendo la marrana. Tragaran lo que decidamos y punto en boca. En cuanto al resto Eurobonos, ampliación del fondo de rescate, compra directa de deuda y demás zarandajas. NEIN, NEIN, NEIN, NEIN Por supuesto que los ingleses seguirían yendo por libre, menuda es esa gente. Pero las economías periféricas podían irse preparando por que les iban a poner un examen para cagarse por la pata abajo. Vamos ni la lista de los reyes godos recitada de carrerilla y en orden inverso. A ver si de una puñetera vez  les queda claro que no se puede ir por ahí dándoselas de potencia económica. A base de firmar cheques sin fondos y de camuflar las deudas bajo la alfombra. Esta muy bien eso de ser europeos, pero antes tienen que de mostrar que pueden serlo. Así que al lío. Menos samba e mais trabalhar. -¿Estamos?- 

martes, 6 de diciembre de 2011

Tres reseñas y una leyenda urbana

Como ya conté en mi post anterior, el resfriado que casi me fastidió las vacaciones dejándome para el arrastre.  Me dio al menos la ocasión de ver una buena ración de películas. Algunas de las  cuales se me habían pasado totalmente en el momento de su estreno. O directamente ni siquiera sabía nada de ellas Por lo que resultó una grata sorpresa poder disfrutarlas. Y otras de esas que periódicamente acabas volviendo a ver. Mientras pensaba en como elaborar esta reseña he caído en la cuenta de algunas estaban relacionadas por la temática judicial. Así que he decidido comentarlas en un mismo grupo.

La primera Caza a la espía interpretada por Naomi Watts  y  Sean Penn. Esta basada en un caso real ocurrido en el 2003. Cuando ya metidos en la guerra de Afganistán, los Estados Unidos se preparaban para lanzarse sobre Irak de Sadam Hussein.  Un polémico artículo escrito por un ex embajador y aparecido en el New York Times. Acusa a la administración Bush de haber manipulado a la Agencia Central de Inteligencia con respecto a la existencia de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Sadam, para poder así justificar la invasión de Irak. Las oscuras maniobras llevadas a cabo por miembros de la administración y sus medios afines. Para desacreditar el articulo y a su autor. Alcanzaron su máxima virulencia cuando miembros de la Casa Blanca llegaron a filtrar la verdadera identidad de Valerie Plame. Agente encubierta de la CIA, esposa del ex embajador y autor de tan incomodo articulo. La historia del  bochornoso escándalo que terminaría con la destitución de una serie de altos funcionarios. Nos muestra las tremendas presiones y manipulaciones que la administración Bush llegó a realizar para conseguir sus objetivos.


 The Lincoln  Lawyer. (El inocente)  -En fin ya sabéis cosas de la traducción- Es una más que acertada adaptación de una novela de Michael Connelly. -Quien al parecer declaró haber quedado encantado con la película.- Que nos cuenta las andanzas de Mickey Haller (Matthew McConaughey). Un taimado abogado especializado en defender a criminales de medio pelo. Que recorre los bajos fondos de Los Ángeles en un antiguo Lincoln conducido por un chofer negro. Acostumbrado a defender a delincuentes habituales. La posibilidad de tener que defender en un caso importante a alguien que a todas luces parece inocente. Es una oportunidad  totalmente nueva para Haller. Un thriller bien hilvanado que me gustó. Aunque se trata de una adaptación el papel del abogado parece realmente escrito para McConaughey.



Por último Mi primo Vinny. Una comedia que aún conservo en formato VHS, y que  sin ser nada del otro jueves. La verdad es que resulta entretenida, por lo que no me resisto a verla cada cierto tiempo. Para defender a dos despistados neoyorquinos erróneamente acusados de asesinato.  Vincent Laguardia Gambini (Joe Pesci) un abogado novato tendrá que recurrir a todo su ingenio. Mientras sobrevive a un montón de peripecias y al escrutinio de un juez especialmente quisquilloso. Acompañado por Marisa Tomei una actriz recién salida del mundo de la televisión. -A quien también encontraremos en The Lincoln  Lawyer-  La película, una sencilla trama que muestra diversas inconsistencias en su desarrollo. No habría pasado de ser la típica comedia sin historia. Que tras su paso por las salas de cine, desaparece sin pena de ni gloria. De no ser, por su inesperada irrupción en los Oscar de 1993.

Nominada como mejor actriz de reparto, una desconcertada Marisa Tomei. Se encontró de pronto, compitiendo por la estatuilla con un elenco de experimentadas actrices. -Judy Davis (Maridos y Mujeres), Joan Plowright (Un Abril Encantado), Vanesa Redgrave (Resgreso a Howars Hend) y Miranda Richardson (Herida). – Un ramillete de excelentes interpretaciones en películas de peso. Ante las que Tomei defendería su papel de (Mona Lisa Vito) la cáustica novia  de (Vinny). Que había tenido que interpretar enfundada en los más estrambóticos modelitos. Sus opciones no parecían ir más allá de la nominación. Hasta que llegó el momento de la entrega... y de Jack Palance.

Apenas hizo aparición sobre el escenario, pareció evidente que Palance. Encargado de la entrega del Oscar. Estaba bebido, colocado o ambas cosas a la vez. El caso es que mientras presentaba a las nominadas. Su broma al respecto de que una chica de Brooklyn. Se las viera con cuatro británicas, solo parecía un simple comentario jocoso más o menos desafortunado. Hasta que pronunció el nombre de la ganadora... Dando vida a la que sería una de las nuevas y controvertidas leyendas urbanas de Hollywood. Era realmente el de Tomei, el nombre nombre que aparecía en el sobre. Metió la pata Palance voluntaria o involuntariamente. La versión oficial de la academia es que  en una decisión sorprendente pero totalmente legítima, Marisa Tomei era la ganadora. Claro que años después los rumores siguen ahí y al hablar de ellos, uno acaba hablando de Mi Primo Vinny.








viernes, 25 de noviembre de 2011

Divagaciones de un griposo

Por Dios hay que ver lo que cuesta sentarse a escribir cuando llevas unas semanas sin apenas asomarte por el blog. Antes de nada aclarar que la invasión de bacilos ya ha pasado y estoy perfectamente. Por lo menos esta vez antes de dejarme para el arrastre. El dichoso resfriado esperó a que regresáramos de viaje. -Unas mini vacaciones en Praga que mi mujer y yo hemos hecho en compañía de unos amigos-. La verdad es que empieza a mosquearme esto de que cada vez que me tomó unas vacaciones acabo cayendo enfermo. -Si ya se, soy un caso.- La cosa es que entre estornudos, antibióticos y  trabajo. Estas últimas semanas no ando muy dispuesto a sentarme… frente al teclado. En el sofá ya es otra cosa. La verdad tengo que reconocer  que me he puesto las botas a ver películas y series. Ya iré contándoos más adelante.
De lo que he pensado hablaros en este post. Es de un curioso fenómeno que últimamente se ha dado por estos lares. Pero antes una pequeña reflexión. –Acaso pensabais que podríais libraros.-

Como ya sabréis, puede que algunos incluso la hayáis sufrido. Hace unas semanas los usuarios de Blackberry se encontraron con la desagradable sorpresa de un fallo general del sistema que bloqueaba muchas de sus aplicaciones. La avería tardó días en solucionarse, ocasionando un montón de protestas  y quejas de unos usuarios que de pronto –tecnológicamente hablando- se veían a ciegas, como aislados del mundo. Según explicó la compañía un fallo en el  interruptor general de su sede en Inglaterra era el origen de todo el desaguisado. Un interruptor¡¡ que queréis que hos diga… Como que muy técnico no suena. La primera vez que escuché la explicación me entró la risa tonta. Por que la verdad es que para tratarse de una compañía puntera en el sector de la telecomunicaciones. No estuvieron lo que se dice muy finos a la hora de elegir como referirse al asunto. No se, tal vez si lo hubieran llamado programa de interconexión. O que se yo, sistema integrado de procesamiento de datos. Vamos que la cosa hubiera quedado much  o más seria. Especialmente cuando el tema se alargó y fueron pasando los días sin que hubiera una solución.

                                                                            

-Continúa sin solucionarse el fallo del interruptor que ha dejado sin servicio a los usuarios de Blackberry en Europa.-  Repetía machaconamente el presentador de turno del telediario. Haciendo que me imaginara a un montón de sesudos técnicos especializados. Tratando inútilmente de accionar un enorme interruptor marca ACME, mientras el Correcaminos y el Coyote se descojonan con el espectáculo. En fin tal vez fuera cosa del jarabe y los antibióticos.
El caso es que con todo el revuelo que se montó. Empezaron a surgir informaciones y estudios sobre el tremendo incremento del uso de los sistemas de mensajes y comunicaciones por Internet.  Y es que entre los SMS, el wasap, el Messenger, las redes sociales y demás. Los operadores de telefonía –pobrecitos ellos- se han encontrado con que los nuevos teléfonos con conexión a Internet les están fastidiando el negocio. La facturación por llamadas convencionales se recorta cada vez más. La gente en general y ya no solo los más jóvenes saca partido de las nuevas tecnologías aprovechando para ahorrarse un dinero. Las empresas operadoras que ya no ven con tan buenos ojos esos móviles de última generación con conexión a la red. Andan buscando la manera de remediar el descalabro con nuevas estrategias de negocio.
La última campaña de telefónica no puede resultar más patética. Nuevas tarifas pensadas para atender las peticiones de los clientes aseguran. Clientes reunidos en asambleas al más puro estilo 15M. Decidiendo que pedir a la compañía según sus necesidades. Como si al operador de turno. Alguna vez le hubiera importado lo más mínimo, las quejas de la gente por el precio de las tarifas o las condiciones de contratación. Lo dicho patético.
Así pues esta claro que vivimos en un tiempo en que la gente parece tener la imperiosa necesidad de comunicarse y de comunicar, cuantas más cosas y a mayor numero de gente mejor.
Tal vez sea por este afán, que hace unos días mientras iba a trabajar.  Casi me doy de bruces con un flamante buzón de correos. Surgido de pronto en medio de la acera cual intrépida amapola. Como más de uno recordareis. Hace unos meses relaté una anécdota que me ocurrió cuando una señora empezó a interrogarme sobre el funcionamiento de los buzones y el servicio de correos. Muchos recordasteis entonces con añoranza la época en que se escribían cartas a amigos, familiares y demás. Se comentó lo anacrónico que parecía en ocasiones encontrarse con un destartalado buzón de correos. Pues mirad por donde que tras mi encuentro con el buzón y para mi sorpresa la cosa fue a más. Resulta que al llegar al trabajo me encontré con otro buzón instalado al otro lado de la calle. No podía dar crédito y me acerqué primero para ver que no se trataba de una alucinación. Y segundo por que pese a la reluciente capa de pintura que le habían dado. Este buzón tenía visible en un costado, una abolladura sospechosamente familiar. Mis sospechas se confirmaron, era mismo y destartalado buzón que antiguamente estaba en la otra calle a espaldas del hotel. Un sorprendente traslado de apenas cien metros que al menos le había valido una mano de pintura. Pensé un tanto desconcertado. Al día siguiente mientras lo comentaba con mi mujer ella cayó en la cuenta de que también había visto un nuevo buzón en una calle cerca de casa de su madre. Picado por la curiosidad he sabido de otro caso de buzón cambiado de ubicación. ¿Que pasa en este pueblo con correos? Acaso es una nueva estrategia para captar nuevos usuarios o para entretener a los que ya lo son. No se tal vez resulte que hay un resurgimiento del trafico postal. Desde luego sería todo un puntazo que la gente empezara otra vez a enviarse cartas como las de antes. Correspondencia que con los años sus hijos y nietos pudieran conservar como recuerdos. Que me contáis, habéis sabido de otros lugares en donde los buzones hayan empezado a moverse. Conocéis carteros que puedan contaros algo al respecto. ¿Esta la gente volviendo a escribir? ¿Será una vuelta al correo tradicional? Ya casi espero encontrarme con una parada de postas del pony express. Sería total. ¿No?

                                                  


lunes, 31 de octubre de 2011

Andanzas nocturnas

-Que rabia, con lo a gusto que estaba durmiendo.- pensó con fastidio. Abriendo los ojos en la penumbra de la habitación. La habían despertado unas molestas y urgentes ganas de ir al baño. Pero aun se resistió un minuto bajo la colcha, desperezándose lentamente Mientras su mano tanteaba la mesilla de noche en busca del interruptor de la lámpara. -Mierda- masculló contrariada. Entrecerrando los ojos cuando la luz hizo desaparecer la agradable penumbra. Cinco y veinte de la mañana comprobó. Echando un vistazo al despertador mientras se calzaba las zapatillas. En su lado de la cama Pablo dormía a pierna suelta. Por suerte hoy era sábado y no tenían que madrugar. Eso si, tendría que volver rápido a la cama no fuera a despejarse del todo. Se dijo apresurándose a llegar al cuarto de baño.
Notaba la garganta un poco seca, estaría bien beber un poco de agua antes de regresar a la cama. Decidió saliendo del baño y yendo a la cocina. –Ya empezamos- gruñó. Dándose cuenta de que comenzaba a despejarse. Aquello era absurdo, hoy tenía tiempo para dormir unas horas más y recuperar el sueño que llevaba arrastrando toda la semana. Tenía que volver a la cama enseguida. –Date aire y no empieces con historias- se recriminó. Sirviéndose el agua y empezando a beber. Aún era noche cerrada, afuera debía hacer bastante frío. No se veía un alma y tampoco nada de tráfico, se notaba que era sábado. Comprobó acercándose a la ventana y asomándose para observar la calle desierta.

Justo en el momento en que un vehículo giró por la esquina más alejada y enfiló la calle. Una furgoneta de reparto pensó, observando la maciza figura que avanzaba a la luz de las farolas. La curiosidad la hizo tratar de descifrar las gruesas letras del rótulo que lucia en el lateral. Mientras pasaba bajo la luz de alguna de las farolas que iluminaban la calle. Lo que sin sus gafas no era nada fácil. Comprobó con fastidio, mientras la furgoneta atravesaba un tramo de calle poco iluminado. Prensa acertó a leer finalmente, a la difusa luz de la farola más cercana. Antes de que la furgoneta saliera de su campo de visión. Tras pasar junto a la batería de contenedores de basura, situados frente a la entrada del garaje del edificio. Si bien fue algo en aquellos contenedores lo que de inmediato captó su atención. Casi al instante supo lo que era. Le había bastado una mirada para distinguir una pila de libros precariamente colocada sobre el contenedor del cartón. Lo que inevitablemente le provocó unas irresistibles ganas de ir a echarles un vistazo. ¿Cómo podía alguien tirar libros a la basura? Acaso la gente no conocí la existencia de las bibliotecas. Por Dios, aquello si que era un sacrilegio. Lamentó contrariada resoplando por lo bajo, mientras regresaba a la habitación y cogía una bata. Muy probablemente se trataría de una de esas antiguas enciclopedias que la gente acaba quitándose de encima por que han perdido utilidad. Pero aún así tenía que comprobarlo decidió. Regresando a la habitación y empezando a ponerse una bata. Tendría que darse prisa rumió apagando la luz de la mesilla de noche. Pablo que era de los que dormía de un tirón. Iba a alucinar como se le ocurriera despertarse y no la encontrara en casa. Pero solo será un vistazo rapido se dijo yendo hacia la puerta y alcanzaba las llaves. Le bastaron dos minutos para meterse en el ascensor, salir a la calle y rodear la esquina hasta la entrada del aparcamiento.

Los libros del montón resultaron no ser una enciclopedia. Sino una colección completa sobre historia y técnicas de pintura y cerámica. Que pese a estar bastante manoseados, aún se conservaban en razonable estado. Comprobó hojeando rápidamente un par de ejemplares. A sus pies desparramados por el suelo entre lo que parecían folios de apuntes. Distinguió algunos temarios de oposiciones, mezclados con ediciones de libros de auto ayuda. Con títulos como, Técnicas para relacionarse en el trabajo, Refuerza tu auto estima o Diez trucos para optimizar el tiempo de estudio.
-Vaya, que más tenemos aquí.- dijo. Agachándose para alcanzar un manoseado ejemplar de La Colmena que había estado apunto de pisar. Estaba manchado y desencuadernado, probablemente le faltaran algunas paginas. Una lastima, no tenía salvación. Pensó mientras su atención se fijaba en lo que se le antojo la siniestra boca del contenedor. Parte de las rojas tapas de un libro asomaban por la ranura superior que se utilizaba para introducir el cartón. No podía ser cierto se dijo llevada por una especie de presentimiento. Mientras dejaba en el suelo la colección sobre pintura y levantaba  la tapa del contenedor para abrirlo totalmente.

Fue como abrir el cofre del tesoro. A simple vista debía haber más de un centenar largo. De todo tipo y tamaños, mezclados de cualquier manera. Alguien habría estado muy ocupado acarreando hasta allí aquel enorme montón de libros que colmaba el interior del contenedor. Un montón cuya cúspide parecía ser aquel libro de tapas rojas. Que ella alcanzó para echarle un vistazo. Gran enciclopedia practica tomo cuarto leyó, premio allí estaba la desfasada enciclopedia de turno. Pensó haciéndolo aún lado, junto con los tomos sexto y octavo que aparecieron de entre unas cuantas novelas en edición de bolsillo. Ninguno de cuyos títulos le sonaba en absoluto. Parecían las típicas novelas de intriga de autores anglosajones. Pensó  amontonándolas a un costado y empezando repasar los nuevos hallazgos que emergían del montón. Guerra y paz primer volumen, El Decamerón, El caballero de Olmedo, La Odisea, De la tierra a  la luna. Una selección muy surtida para empezar una biblioteca pensó. Dejando en el suelo una pila en la que había juntando los dos volúmenes de La Regenta, con La casa de los espíritus, La barraca, El tartufo y La peste. Independientemente del tipo de edición, el estado general de los ejemplares era bástate bueno. Lo que hacía más inexplicable que hubieran decidido deshacerse de ellos de aquella forma. Era una autentica lastima pensó contrariada terminando de formar otra pila y uniéndola a las que ya había en el suelo. Encuadernado en un curioso formato alargado un ejemplar llamó su atención. Recopilación de cuentos clásicos Norteamericanos por diferentes autores. Leyó con curiosidad sacándolo del contenedor y empezando a hojearlo. –Este sin duda se viene conmigo.- Decidió al instante empezando a rebuscar de nuevo. La satisfacción del hallazgo había espoleado su curiosidad. El Quijote, Cumbres borrascosas, La plaza del diamante, Los santos inocentes, repasó habidamente sin soltar el volumen de cuentos. Un ejemplar de La hojarasca y otro algo ajado de El amante de Lady Chatterley pasaron a engrosar su botín particular. Parecía haber dado con un filón se dijo satisfecha, alcanzando un ejemplar de El Agente confidencial. Esta reponiendo de una tacada, barias de las pedidas que con el tiempo había ido sufriendo su biblioteca. Pero era una locura comprendió. Tomando un respiro, y contemplando los libros que tenía en las manos y las pilas en el suelo a su alrededor. Que se suponía que iba a hacer con todo aquello. Tal vez pudiera llamar al ayuntamiento, muchos de aquellos libros se podían aprovechar en los centros de lectura de los colegios. Sin duda era la mejor opción decidió. Terminaría de echar un rápido vistazo y haría esa llamada antes de que pasaran a recoger los contenedores de reciclaje. Claro que el otro problema era como llevarse a casa los libros que estaba separando para si. De momento solo eran cuatro pero apenas si llevaba vista la mitad del contenedor y conociéndose dudaba que la cosa se fuera a quedar en eso. Lo mejor sería ir a buscar una bolsa o mejor una caja. Pensó con desgana, a sabiendas de que no se movería de allí. Mientras un alocado pensamiento se le cruzaba por la mente. –Genial justo lo que faltaba. Ahora empiezo a desvariar.- gruñó. Agitando la cabeza para apartar una imagen mental. En la que se veía en camisón, acarreando un pesado montón de libros que llevaba liados en una especie de saco formado con su bata. Como la pillarán y seguro que alguien  lo hacia, aquello arrasaría en YouTube. Claro que pensándolo bien, los veinte minutos que llevaba rebuscando en el contenedor tampoco tenían desperdicio. Refunfuñó dejando “sus” libros en una pila aparte y empezando a rebuscar. Tenía que darse prisa en acabar. Era raro que hasta el momento no hubiera pasado nadie por allí, pero la cosa no podía durar. A estas horas solo le faltaría tener que ponerse a balbucear dando explicaciones ataviada  de aquella guisa. 

Decididamente estaba claro, es que o todo aquello había pertenecido a diferentes personas. O se trataba de un lector con una amplia variedad de gustos. Pensó, cuando tras hacer a un lado unos cuantos ejemplares de novelas de ciencia ficción. Unos tomos de historia natural y dos ediciones distintas de Archipiélago Gulag. Empezó a encontrar ejemplares de novelas del oeste. Había un montón, el sueño de cualquier coleccionista del género. Se dijo mientras le venía a la cabeza las visitas a casa de su amiga Clara. Y el recuerdo del abuelo de Clara leyendo tranquilamente aquel tipo de novelas. Nunca había leído nada de aquel género pero desde luego el abuelo de su amiga parecía pasarlo en grande. Aquí se hubiera puesto las botas suspiró apartando otro puñado de novelas. Reparó entonces en un ejemplar que apenas si asomaba bajo el montón de novelas. No se veía el titulo. Pero su tapa de un azul desvaído en cuyo centro  destacaba un pequeño grabado atrajo su atención. ¿Era un molino? Si, el pequeño grabado parecía un molino, rumió forzando la vista para distinguir la imagen. Y como llevada por un presentimiento se impulsó dificultosamente hacia adelante para tratar de cogerlo. Imposible no alcanzaba comprendió resoplando contrariada. Con casi medio cuerpo metido en el contenedor y manteniendo precariamente el equilibrio para no caer dentro.
-Mierda- masculló desesperada cuando sus dedos apenas rozaron la tapa. Un poco más, apenas si le faltaban unos centímetros. Comprobó frustrada echándose hacia atrás para recuperar el equilibrio. Le había faltado poco para caer dentro del contenedor. Lo que ya si que hubiera sido lo último. Necesitaría un poco de ingenio, pensó mirando las ruedas del contenedor y a su alrededor. Se le acababa de ocurrir una idea.  Tendría que acercar el contenedor  hasta la acera de enfrente. Allí el bordillo era un bastante más alto, eso la ayudaría. Razonó empezando a tirar del contenedor con todas sus fuerzas. Como temía, no era la primera vez que tenía que acarrear libros. –Aún que si un contenedor- Aquello pesaba lo suyo.  Pero por suerte, tras un par de enérgicos tirones las ruedas empezaron a moverse en la dirección deseada. Quien dijo aquello de que el saber no ocupa lugar. Dios, no solo lo ocupa si no que además pesa lo suyo. Esto es una locura, como alguien me vea voy a acabar siendo la loca del segundo C. La que de madrugada escarba en las basuras. Eso por no hablar de la cara que pondría el pobre Pablo. Al enterarse de las “particulares” andanzas nocturnas de su novia. Pensó resoplando por lo bajo, mientras con los pies intentaba apartar las hojas de apuntes y temarios tirados por el suelo que entorpecían el paso de las ruedas. Pese al frío había empezado a sudar, notó contrariada. Sentía la frente y las mejillas perladas de un sudor que empezaba deslizársele por el cuello. Con su suerte seguro que de esta salía con un catarro de pronostico. Gruñó, dando un último tirón que deslizó el contenedor hasta dar contra el bordillo. Con un golpe sordo que resonó por la calle desierta. -¡Mierda¡- masculló. Encogiéndose sobre si misma y mirando espantada a su alrededor. Lo dicho del YouTube, al manicomio, rezongó con el corazón agitándose desbocado. Por suerte nadie dio señales de vida y pronto estuvo asomada al contenedor. Desesperada comprobó que el golpe y el trasiego habían desplazado a su objetivo del lugar donde esperaba encontrarlo. Lo que por un momento la hizo temer que se hubiera podido deslizar hasta el fondo del contenedor. Por suerte pronto lo localizó, seguía estando a la misma profundidad. Pero ni aún subida al bordillo lograba más que tocarlo ligeramente con la punta de los dedos. –Probemos con esto- resopló. Colocando en el suelo un grueso y maltratado ejemplar de Las mil y una noches. Al que se aupó antes de inclinarse para volver a probar suerte. Esperanzada, comprobó que sus dedos palpaban la rugosa superficie. Aún no podía sujetarlo, pero aquello estaba mucho mejor. Tal vez añadiendo otro libro al que subirse. Rumió mientras sus dedos intentaban deslizar el libro presionándolo y tirando hacia ella. Por un segundo pareció que iba a funcionar. Notó como se desplazaba unos centímetros. Ya casi lo tenía resopló excitada. Intentando pinzarlo entre los dedos anular e índice. -¡Joder¡- maldijo furiosa. Notando como de pronto el libro empezaba a escurrirse bajo sus dedos. –No, no … ¡Mierda¡- exclamó. Cuando el libro desapareció entre el resto de libros como a través de algún tipo de hueco. Consternada incluso le pareció oír como caía hasta el fondo del contenedor. Tragado por el resto del montón de libros. Era increíble aquello no podía estar pasándole a ella. Maldijo furiosa  golpeando el contenedor con gesto desesperado. Estaba tan ofuscada, que ni siquiera se dio cuenta de que un coche pasaba por la calle. Hasta que al llegar a su altura el conductor aminoró la marcha para lanzarle una mirada desconcertada. No debió gustarle mucho lo que vio puesto que se apresuró a acelerar para perderse calle arriba. No tenía ni idea de la hora que era ni de cuanto tiempo llevaba con aquella locura. Pero empezaba a amanecer y no podía seguir allí comportándose como una loca. Razonó tratando de tranquilizarse. Lo mejor sería recoger un poco todo aquello y avisar a los del ayuntamiento. Ni siquiera estaba segura de que aquel condenado libro fuera realmente el que andaba años buscando. Exteriormente sin duda que lo parecía, pero en realidad no había visto el titulo. Así que podía tratarse de cualquier otro titulo de una edición similar. Recapacitó tratando de auto convencerse de que lo mejor era dejarlo ir. Pero resultó inútil, no podía dejarlo. Por alguna extraña razón estaba casi segura de que si era el libro. Algo le decía que lo era. Seguro, aquel condenado libro era un ejemplar de Los Samson. La historia de la familia de los verdugos de Paris. Que había descubierto, cuando por casualidad siendo una adolescente, encontró un ejemplar en una feria de libro usado. Una apasionante historia que debía haber leído como una decena de veces encontrado siempre nuevos matices. Tal vez no fuera ninguna obra maestra pero por alguna razón el libro la había atraído desde la primera vez que la leyó. De ahí que lamentará tanto el haberla perdido. Cuando hacia unos años cometió la estupidez de prestárselo a su novio de entonces. Un error imperdonable del que todavía se arrepentía cada vez que lo recordaba. Su ruptura no había sido precisamente muy amistosa y cuando el salió de su vida se largó  llevándose  libro entre algunas otras cosas. Desde entonces no había mercadillo de segunda mano o librería de viejo que visitara en donde preguntara por Los Samson. Curiosamente el titulo no era del todo desconocido pero invariablemente la respuesta era la misma. No parecía quedar un solo ejemplar rodando por ahí. Lo más cerca que llegó a estar, fue cuando en un par de ocasiones lo localizó por Internet. Libreros de viejo lo ofrecían en sus catálogos pero por una u otra razón no había llegado a comprarlo. 
Así que tenía que verlo, no quedaba otra. Y obviamente ahora solo tenía una forma de conseguirlo. Comprendió con un largo suspiro de resignación. Para su sorpresa fue más fácil de lo que esperaba. Tras apilar rápidamente un puñado de libros al que se aupó decidida. Solo tuvo que pasar una pierna por encima del borde del contenedor y deslizarse dentro. Aunque estaba sobre los libros y todo parecía relativamente limpio. Un cierto olor agrio que ya había notado mientras rebuscaba desde fuera resultaba mucho más intenso ahora. Solo esperaba que entre los libros a nadie se le hubiera ocurrido tirar también basura. Pensó con resignación empezando a retirar libros en le lugar donde había desaparecido su objetivo. La cosa comprobó, no resultaba precisamente fácil. Habida cuenta de que su propio peso, hacia que los libros sobre los que estaba, se deslizaran hacia el hueco que trataba de abrir. Finalmente tras varios minutos resoplando y contorsionándose en el dichoso contenedor. Su mano consiguió abrirse paso entre aquella especie de arena movediza en que se había convertido el montón de libros. Atrapó el objeto de su deseo y lo rescató del fondo del contenedor. Donde como no podía ser de otra forma, había ido a parar.
-¡Siiii¡- gritó satisfecha. Comprobando que en su locura resultaba haber tenido razón. ¡Lo tenia¡ Era el libro, era Los Samson. Confirmó mirando el ejemplar con expresión incrédula y una intensa sensación de felicidad. El sonido de un coche al pasar la sacó de su éxtasis devolviéndola a la realidad. Tenía que salir pitando de allí. Se dijo asomando la cabeza para echar un rápido vistazo a su alrededor.  Era de día, había  empezado a clarear y en las fachadas de los edificios se veían ventanas iluminadas. El vecindario empezaba a despertar. Con gesto furtivo se apresuró a guardar el libro en el amplio bolsillo de la bata. Antes de incorporarse para empezar a salir del contenedor. Entrar había resultado relativamente fácil. Pero tal vez salir no lo fuera tanto descubrió desconcertada. No sabía por que. Tal vez fuera a causa de sus manejos revolviendo los libros de una parte a otra, pensó ofuscada. Pero el caso es que apenas se inclinó sobre el costado para salir tal y como había entrado. El dichoso contenedor empezó a inclinarse  hacía aquella parte mientras en su interior los libros se desplazaban de golpe como una especie de avalancha. -¡Joder¡- maldijo. Apresurándose a sacar una pierna buscando el apoyo de la pila de libros de la que se había servido para entrar. Todo ocurrió como a cámara lenta. El contenedor volcó de golpe sobre su costado. Como un barco que se hunde tras chocar contra un arrecife. Arrastrándola a ella que se encontró de pronto tirada sobre la acera sepultada a medias por un montón de libros que se le vinieron encima mientras se revolvía desesperada intentando zafarse.

-¿Se puede saber que te pasa? Menuda nochecita llevamos.- gruñó Pablo. Encendiendo la luz y mirándola con cara de pocos amigos.
-¿Qué? ¿Cómo? – balbuceó desconcertada -¿Qué pasa?- inquirió incorporándose de golpe.
-Eso me gustaría saber a mi llevas más de una hora revolviéndote como una loca- protestó el con un bufido -¿Estas bien?-
-Si, si perdona. Ha sido un sueño.- se disculpó con expresión abatida. Tomando conciencia de la triste realidad.
-Bueno tranquila no pasa nada. Anda vuélvete a dormir aprovechemos hoy que se puede.- dijo el en tono conciliador. Dándole un rápido beso –Estoy muerto- murmuró adormilado. Apagando la luz y volviendo a acurrucarse bajo la colcha.
-Si- dijo ella en tono mecánico. Mientras sus ojos buscaban la esfera luminosa de su despertador. Cinco menos veinte comprobó mientras sentía como se le aceleraba el corazón. No podía ser pensó desconcertada. ¿O si?
-¿Dónde vas ahora?- inquirió el con voz pastosa. Notando que abandonaba la cama.
-Al baño, duérmete.- susurró ella. Cogiendo su bata y cerrando la puerta de la habitación al salir. Fue directamente a la cocina a cuya ventana se asomó en el preciso momento en que un vehículo doblaba la esquina y enfilaba la calle. No se veía ni un alma, solo la maciza figura de una furgoneta de reparto recorriendo la calle a la luz de las farolas. PRENSA Leyó complacida en el lateral de la furgoneta. La batería de contenedores fue el siguiente objetivo que buscaron habidamente sus ojos.